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HISTORIA DEL MUNICIPIO DE RIOTUERTO



A primera vista, lo que encontramos al llegar a La Cavada, es un hermoso río que serpentea por el centro del pueblo, y que, tras correr los casi 40 Km que le separan de su nacimiento en el Portillo de Lunada, desemboca en la Ría de Cubas, frente a la Bahía de Santander. Nos referimos al río MIERA.

Dicho río tuvo una importancia vital en la vida de la localidad durante los siglos XVII, XVIII y comienzos del XIX, ya que constituyó junto con la localidad limítrofe de Liérganes, los primeros altos hornos de fundición que hubo en España.

* Canal de agua
* Canal de agua subterráneo
* Muralla
* Hornos de fundición
* Arco de Carlos III
* Viviendas de operarios
* Viviendas principales

Vista aérea actualizada de la antigua situación de las fábricas


El inicio de fundición tuvo lugar en 1634, siendo a partir de ahí, cuando se empezó la fundición de cañones que tanto renombre dio a las fábricas. En 1623 se habían construído ya, los hornos en Liérganes.

En cuanto al origen de las fábricas hay que remontarse a la revuelta de Cataluña y a la famosa "Guerra de los Doce años", debido a la crisis que sufrían las fábricas de Lieja. Fue D. Juan Curcio, que viendo las ventajas que suponía este enclave, en el que existía un caudaloso y constante río, la proximidad de muelles de embarque y sobre todo extensos bosques de madera como fuente primordial de alimento que requerían los voraces hornos, se puso en camino hacia nuestro país, dónde llegó en 1616, según constatan los documentos que guardó por entonces el cura de Navajeda D. Ignacio Villastra.

Con anterioridad D. Juan Curcio, había intentado asentarse en el País Vasco, pero el monopolio que poseían los pequeños fundidores vascos lo impidió.


Retrato de D. Juan Curcio


La nueva Cavada, quedó instituida, como ya nos hemos referido anteriormente, en 1634 y construyéndose dos años más tarde edificios y talleres. La factoría quedó terminada en 1637 y poco tiempo después, se fundó un establecimiento destinado a la elaboración de pólvora, que llevó el nombre de Santa Bárbara. Estas últimas obras las realizó D. Jorge de Blande, el que, a la muerte de D. Juan Curcio, con motivo de los préstamos realizados a este, adquirió las instalaciones.

D. Jorge de Blande designó como única heredera a su esposa Dña Mariana de Brito, nacida en 1607, y anterior esposa del fallecido administrador, D. Juan de Olivares, que se instaló a vivir en Riotuerto.

Doña Mariana y sus hijos, residían en Riotuerto en la Casa de Olivares, llamadas "Casas principales", con iglesia adosada y consagrada a Santa Bárbara.

La propietaria residía en La Cavada en los meses comprendidos de noviembre a abril, por ser la época de mayor actividad industrial. El tiempo restante lo pasaba en Santander.

El segundo horno que se instaló se ofreció a la Virgen del Pilar, destinándolo a la producción de municiones. Es cuando se logra la mayor productividad (años 1756-1759).

En el año 1763, tras ser nombrado el coronel de artillería D. Vicente Xiner, la fábrica inicia una nueva etapa bajo el control del ejército, como génesis de la "NACIONALIZACIÓN" de la empresa privada.

A causa de una deficiente administración y con unas directrices técnicas muy precarias se produce un gran fracaso en estas fábricas.

Después de dichos fracasos, el Gobierno del Conde de Floridablanca, decide reorientar la dirección de las fábricas , encomendado la misma al Ministerio de Marina para el restablecimiento del antiguo método de fundición. También es loable destacar algunos éxitos conseguidos entre los años 1783 y 1784, ya que se llegaron a fabricar 958 cañones, de estos más de 800 fueron útiles. Para conmemorar esta efeméride se construyó el ya famoso ARCO DE CARLOS III, que aún perdura.

* Canal de agua
* Almacenes
* Muralla
* Hornos de fundición
* Viviendas de operarios
* Viviendas principales
Plano de las fábricas


A partir de 1787 se toma otra orientación en la fabricación, como fueron los bienes de equipo para las industrias privadas y escudos para los Palacios Reales. Muestra de ello son las cañerías de las fuentes de la Granja de San Ildefonso en Segovia. Otro ejemplo es, el Escudo de los Brito, sito en La Cavada.

Con aflicción hay que recordar que a finales del siglo XVIII, las fábricas por carecer de recursos económicos, de trabajo y sobre todo de materias primas (aunque se habían hecho prácticas con coque pero infructuosas por su mala calidad y la no adecuación de los hornos), entraban en un periodo de decadencia iniciando en mayo de 1795 el cese de las actividades, siendo la fundición de Liérganes la primera en ser clausurada.

La Cavada contaba por entonces con cuatro grandes hornos para la producción de artillería, así como una máquina de cortar y cinco de barrenar, ocho fraguas, carboneras, viviendas, cuarteles, huertas, edificios administrativos, etc.

Durante la Guerra de la Independencia, los franceses apenas aprovecharon algún cañón que encontraron ya que todo lo demás había sido enterrado por orden del director de las fábricas D. Francisco Javier de Villanueva. Las instalaciones habían sufrido numerosos saqueos.

Desde Agosto de 1822, las fábricas no recibieron aportación económica alguna, por lo que los proyectos en marcha pasaron a ser meramente utópicos, pese a los constantes empeños y viajes a Madrid de los administradores. Es fácil de prever su desaparición de forma paulatina.


Almacenes principales de las fundiciones

Hay dos acontecimientos claves que van a propiciar y apresurar la clausura de las actividades industriales. Una de ellas acontece en Agosto de 1834, en la que una gran crecida del río Miera destruye la presa principal, así que las máquinas quedaron paradas. La otra, fue el saqueo de las instalaciones por parte de tropas ejército carlistas, surgiendo posteriormente el deterioro de hornos, talleres y edificios por influencia de los agentes atmosféricos. En 1840, se convertía La Cavada en un cúmulo de ruinas, pues los propios vecinos del lugar se dedicaron al saqueo y destrucción.

Cuando en 1849, se pasó a depender del Ministerio de Hacienda el panorama era desolador, vendiéndose las fábricas de Valdelazón a D. Juan de la Pedraja, convirtiendo parte de las ruinas en una industria textil que ha perdurado hasta 1960, año en que cerró sus puertas a causa de la especulación.

Restos de las fábricas en el año 1889

Los descendientes de los técnicos belgas que vinieron a estas fábricas se expandieron en comarcas limítrofes perviviendo en la actualidad. Los apellidos en su mayoría flamencos pasaron a ser españoles en el siglo XVIII.

Cabe mención especial a los numerosos pleitos con los nativos del lugar por su carácter autárquico, debido a la oposición de conceder grados de hidalguía a los extranjeros.

Recordando alguno de estos apellidos tenemos: ARCHE, BALDOR o VALDOR, DEL VAL, BERNÓ, GUATE, LOMBÓ, MARQUÉ, OSLÉ o USLÉ, OTÍ, ROJÍ, ROQUEÑÍ, MAEDA, SART, etc.

En la actualidad persisten restos de lo que fue una próspera industria. Ejemplos de esto son los restos de muralla, con la antigua capilla, ahora vivienda particular que nos encontramos al llegar a La Cavada dirección Liérganes. Detrás de las casas de la capilla, hay restos de los hornos de fundición. Las casas de la Calle Arriba, son lo que en antaño eran las caballerizas y casas de los operarios. Al lado del río, junto a la actual vía del ferrocarril, están los antiguos almacenes. En el río, el lugar llamado "La Lastruca", hay restos de un retén de troncos (estos se transportaban por el río Miera desde el puerto de Lunada). También, se puede observar el Arco de Carlos III. En el mapa que se encuentra al inicio de esta página, destaca los lugares en los que se pueden encontrar restos. Como simbólico cabe hacer mención especial a dos cañones: uno situado en el Parque Carlos III, y otro enfrente del Ayuntamiento. Fuera del Municipio, se pueden observar en el Fuerte Español de Nueva Orleans (EE.UU), en las murallas de Cádiz, en la entrada de la Almudaina en Palma de Mallorca, en Astillero, en Muslera (junto a la iglesia), en Santoña, en el Museo Marítimo de Santander, etc.


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