Somardío, Febrero 98
Somardio II/98 - Volver al Sumario

El oro rural

El tábano

El horizonte turístico es la historia de una continua frustación.

El turista desea habitualmente el contacto con las zonas interiores, con lo auténtico de la comunidad o el lugar que visita. Por el contrario, normalmente se le ofrece, como a todo extraño, la superficialidad y la reproducción agresiva del medio urbano en un entorno rural.

La experiencia turística que comenzó siendo un motivo de satisfacción frente a las deficiencias de la vida urbana, se puede transformar en el dolor de la colonización y la marginación de las estructuras rurales si no se plantea un proyecto de modernidad que sea capaz de integrar ocio y turismo en las economías rurales.

El éxito de un turismo rentable económica y socialmente está en proporcionar una oferta de ocio y entretenimiento diversificada que aproveche el medio natural y las infraestructuras preexistentes. Las actuaciones concretas para no ser conflictivas han de ser tanto útiles como inocuas; útiles, no sólo para el sector turístico sino para las demás actividades económicas e inocuas para el entorno. Han de proporcionar beneficios y el progreso de la zona, integrando para ello las infraestructuras del paisaje y los servicios, creando puestos de trabajo cualificados y bien remunerados y dinamizando el resto de la economía de la comarca.

De nada van a a servir obras en infraestructuras, con elevado coste para el erario público, mediante actuaciones puntuales aquí y allá si no sabemos hacia que modelo turístico nos dirigimos. Justificarse en el hacer por hacer, con una miope idea de la industria turística que no llega más allá de la carreteruca y del merendero, tiene el peligro de la ignorancia pero actuar sin un proyecto consensuado por los colectivos afectados, el de la irresponsabilidad.

El turismo masivo, al que están asociadas estas actuaciones puntuales, como modelo mal entendido de riqueza y mayores ingresos, contribuye a la rápida degradación del nivel de vida, fomenta un fuerte aumento del coste de la vida, exige numerosas actuaciones (miradores, merenderos, aparcamientos,...) y genera conflictos. El flujo turístico es muy volátil, una vez degradado el medio busca nuevos espacios que respondan a los eternos ideales del tiempo libre y a la vuelta de poco tiempo sólo quedarán en nuestro entorno obras faraónicas, servicios infrautilizados y paro.

La irresponsabilidad de hoy se puede transformar en la degradación de mañana y en la pérdida de los ingresos turísticos. La esquilmación de los recursos transforma los lugares pintorescos en tópicos y las costumbres en souvenirs. Todos nos vamos a ver afectados por las actuaciones que se realicen y sus consecuencias se verán pronto de una forma intensa.

Aún somos unos privilegiados, nos hallamos ante la posibilidad de elegir el turismo que queremos tener.