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El horizonte turístico es la historia de una continua
frustación.
El turista desea habitualmente el contacto
con las zonas interiores, con lo auténtico de la comunidad o el lugar que visita. Por el
contrario, normalmente se le ofrece, como a todo extraño, la superficialidad y la
reproducción agresiva del medio urbano en un entorno rural.
La experiencia turística que comenzó siendo
un motivo de satisfacción frente a las deficiencias de la vida urbana, se puede
transformar en el dolor de la colonización y la marginación de las estructuras rurales
si no se plantea un proyecto de modernidad que sea capaz de integrar ocio y turismo en las
economías rurales.
El éxito de un turismo rentable económica y
socialmente está en proporcionar una oferta de ocio y entretenimiento diversificada que
aproveche el medio natural y las infraestructuras preexistentes. Las actuaciones concretas
para no ser conflictivas han de ser tanto útiles como inocuas; útiles, no sólo para el
sector turístico sino para las demás actividades económicas e inocuas para el entorno.
Han de proporcionar beneficios y el progreso de la zona, integrando para ello las
infraestructuras del paisaje y los servicios, creando puestos de trabajo cualificados y
bien remunerados y dinamizando el resto de la economía de la comarca. |
De
nada van a a servir obras en infraestructuras, con elevado coste para el erario público,
mediante actuaciones puntuales aquí y allá si no sabemos hacia que modelo turístico nos
dirigimos. Justificarse en el hacer por hacer, con una miope idea de la industria
turística que no llega más allá de la carreteruca y del merendero, tiene el peligro de
la ignorancia pero actuar sin un proyecto consensuado por los colectivos afectados, el de
la irresponsabilidad. El
turismo masivo, al que están asociadas estas actuaciones puntuales, como modelo mal
entendido de riqueza y mayores ingresos, contribuye a la rápida degradación del nivel de
vida, fomenta un fuerte aumento del coste de la vida, exige numerosas actuaciones
(miradores, merenderos, aparcamientos,...) y genera conflictos. El flujo turístico es muy
volátil, una vez degradado el medio busca nuevos espacios que respondan a los eternos
ideales del tiempo libre y a la vuelta de poco tiempo sólo quedarán en nuestro entorno
obras faraónicas, servicios infrautilizados y paro.
La irresponsabilidad de hoy se puede
transformar en la degradación de mañana y en la pérdida de los ingresos turísticos. La
esquilmación de los recursos transforma los lugares pintorescos en tópicos y las
costumbres en souvenirs. Todos nos vamos a ver afectados por las actuaciones que se
realicen y sus consecuencias se verán pronto de una forma intensa.
Aún somos unos privilegiados, nos hallamos
ante la posibilidad de elegir el turismo que queremos tener. |
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