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El
viento sur resucita los más ancestrales instintos. Una mecha, una caja de cerillas y pocos escrúpulos
nos sitúan ante una de las prácticas más dañinas para nuestros montes. Es muy fácil
destruir en una tarde lo que ha tardado cientos de años en crearse. Oscuros intereses,
dificilmente justificables, que sirven a unos pocos en detrimento de todos, provocan que
cada año por estas fechas ardan sistemáticamente nuestros montes.
En la antigüedad, los pueblos más
primitivos, utilizaban el sistema de rozas, la quema de bosque bajo y matorral, como
único método para preparar la tierra a cultivar. |
Actualmente,
en las sociedades civilizadas, existen métodos de aprovechamiento más productivos que
permiten coexistir el desarrollo del manto vegetal y el aprovechamiento ganadero y
forestal de la montaña. Pero
las peores consecuencias de los incendios se observan a medio y largo plazo. Cada vez las
riadas son más destructivas, aparecen pedregales donde antes había bosques de hayas y se
degrada el ecosistema.
En el futuro nos resultará difícil poder
explicar a nuestro hijos cómo era el monte que conocieron nuestros abuelos y que
desapareció gracias a la pasividad de nuestros padres.
Los montes son de todos. |
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