Así
empezó todo...
Yo
iba a comprar algo, o a hacer el tonto, que lo mismo dá. Ahora
no lo recuerdo muy bien, pero tampoco es importante. El caso es que en
aquellas estaba, circulando con mi Sierrita por una carretera no terciaria,
sino que tercermundiaria, que unia las poblaciones de Villanueva de San
Román con Cilleruelo, en Burgos, cuando, yo que sé por qué,
en un cambio de rasante, tres unas zarzas, me pareció ver algo
así como la arista delantera de una de las aletas de un Seat 1.500
a unos cien metros de distancia. No podía ser. Pegué un
frenazo y di marcha atrás. Me metí por un caminucho (debía
ser una cañada transhumante del siglo III a de C) y allí
me encontré el fósil de un Seat 1.500 bajo unas zarzas y
con un seat 132, apoyado en vestigios de Renault 8, sobre su chepa. Casi
me da algo. Parecía bastante entero, así que había
que encontrar al dueño.
Me enteré
que era del propietario de "La Económica" , un híbrido
entre colmado de esos que aún tienen detergente "Ese"
en sus estanterías más recónditas y almacén
de suministros para la construcción. Lo había traído
en el 82 desde Madrid, (El coche fue metriculado por primera vez en Valencia,
y si alguien puede encontrar información sobre sus orígenes,
eso nunca se sabe con la web, que se ponga en contacto conmigo. La matrícula
es V-235731) le había puesto un motor Barreiros diesel,
y lo había estado usando hasta que se quedó casi ciego,
allá por el año 87. Lo tuvo en un almacén parado
hasta el año 90 (en aquella época lo intenté comprar,
y me dijo que su Seat 1.500 no se lo vendía a nadie) Con motivo
de una ampliación del almacén, sus sobrinos, de manera furtiva,
o sacaron a la puta calle, y allí estuvo, cubierto de zarzas, hasta
el año 94 en que lo encontré de nuevo.
Convencer a aquel viejo negociante no era fácil. Incluso le azucé
a mi padre, para ver si con un peldaño generacional menor, era
más fácil llegar a un acuerdo. Y dio resultado. Si le daba
10.000 ptas por el coche me lo podía llevar. Yo no me lo creía.
¿Por 10.000 ptas. lo vendía, y hasta ahora aquello había
parecido las negociaciones por la soberanía sobre Gibraltar? ¡Hay
que joderse! Y por tres mil pelas más, me lo llevaban hasta casa
en su propio camión.
¿Arrancará?
No
quiero contar ni lo que sufrí mientras el porta palés subía
mi cacharro en aquel Pegaso, que por cierto, con un par de añitos
más, hubiera encontrado sitio en mi jardín.
"El
otro día se me cayó uno" Aquella ocurrente frase, la
dijo el operario que estaba poniendo mi cochecito querido en el jardín,
justo cuando éste se encontraba unos tres o cuatro metros de altura."El
otro día me comí los güevos de un payaso como tú"
-pensé- De todas formas, me callé. No quería que
volviese para atrás mi coche. Hay ocasiones, en las que resulta
muy conveniente morderse la lengua.
Mi padre
gritaba ¿Lo vas a dejar ahí, junto a la entrada principal?
¡Cuánto ruido hacía aquella grúa!
Llegó un momento en el que sólo faltaban unos diez centímetros
para que tocara suelo, y entonces pensé que con lo que tenía
que pesar aquél mamotreto, si se caía podrían salir
disparados los topos desde todas las bocas de las toperas en un radio
de dos kilómetros.
Hubo que
despelotarlo con mi juego de llaves "Save" del Pryca y con el
tres en uno. La imprimación cayó a brochazos. Había
que evitar que se oxidase hasta que llegara el verano, fecha en la que
decidfí que lo iba a intentar arrancar. Cuando conseguí
abrir el capó (la palanquita der los cojones estaba un tanto escondida)
me encontré con que, tal y como ya sospechaba, allí había
un motor que encontrar. Era un diesel Barreiros con las siguientes características:
Motor delantero longitudinal BARREIROS C-60 de 1900 cc. Calentadores por lumbrera
a gasoil.Distribución por balancines. Refrigeración por
líquido. Cigueñal de 5 apoyos cromados. Potencia 45 CV.
Velocidad máxima 120 km/h.
Este motor
se montó tambén en los Talbot 180 2l. Aguanta fácilmente
entre despieces 400.000 kms, lo que no es poco para un cacharro de los
años 60.
Tracción
trasera. Cuatro velocidades sincronizadas y marcha atrás. Embrague
hidráulico actuante sobre empujador tipo "Y". Desarrollo
en 4a 25,8 km/h a 1000 rpm.
Estas cajas
de cambio solían romper muchos embragues, puesto que los motores
diesel de la época no sólo eran pesados, sino que también
vibraban en exceso. Con el motor Barreiros, es incluso recomendable poner
algo de peso en el maletero, puesto que si no, en arrancadas en subida,
se corre el riesgo de perder tracción con facilidad. Claro que
un exceso de peso puede llegar a partir el voladizo trasero con el paso
del tiempo... ¡ME ENCANTA ESTE VIEJO CASCARRABIAS!
Sigamos con el arranque. Como faltaba un manguito gordo, me fui a buscarlo
a la Seat. Me volví de allí con un manguito de Nissan Patrol
que me había costado ¡3.000 ptas! y que encima, tenía
que recortar para ver si valía. (Seat y los recambios...) Una vez
instalado, le puse una batería y le hice un puente. Eché
gasoil y me dispuse a agotar la susodicha batería. Al octavo intento
apenas quedaba carga, pero había conseguido una estupenda humareda
a mis espaldas.
"¿Ya
arrancará eso algún día, hijo?" Mi padre vino
a cachondearse de mí justo en el momento que descubrí la
lumbrera para el arranque. Salió una llamarada de debajo del filtro
de aire, y aquél monstruo arrancó creando una nube, tipo
hongo nuclear, que se fue de lleno a los pulmones de mi papi. A pesar
del susto que nos dió, recuperamos bastante de él, aunque
ya no fuma, pero todavía vale.
De
paseo por los desguaces...
¿Alguien
ha buscado en los desguaces de Vizcaya piezas para un milqui? Si hubiese
tenido un Hyundai en el 79 hubiera sido todo más sencillo. Tuve
que rehacer toda la instalación eléctrica comida por los
ratones, y claro, al de unas horas, ya no me acordaba de qué hacía
cada uno de los relés. Por cierto, un relé es el mejor invento
de la humanidad, después de la cama y la bacinilla. Encontré
un 1.500 fúnebre en un desguace, y me trajo bastantes satisfacciones,
por lo que al contrario de todo el mundo, guardo bastante buen recuerdo
de él. Le cogí la bocina, todos los cromados frontales,
y las molduras que faltaban aquí y allá. La pena era que
la parrillaa era la de nido de abeja, correspondiente a un modelo posterior,
pero viendo cómo estaba el mercado, no había que hacer ascos
a nada.
Le puse de llave de contacto una pera de las de encender la luz, y me pude,
por fin, dar mis primeros paseos por las pistas forestales. Me gustaba
aquél cacharro. Había que pintarlo, y claro, un pobre estudiante
de quinto de publicidad, como yo, no podía permitirse según
que lujos, así que hubo que localizar una pistolita y algo de lija
en el mercado "de prestado". Se preparaba la gran pringá.
A veces, leo en Motor Clásico lo picajosillo que hay que ser
para devolver su estado original a un coche. Con mi paga y mis conocimientos,
bastante era conseguir que anduviese, y que a una distancia de 10 metros
pareciese algo. Si ya desmontarlo fue difícil, pretender que la
pintura, a poca distancia, no mostrase un sobreexceso de acné,
era poco menos que imposible, y menos con una pistolita eléctrica
Bosch proveniente de un prestado. Sin embargo, según las espátulas
iban engordando con masilla seca, me iba ilusionando. Mi pototo parecía
algo en las largas distancias. Ahora, era en las cortas en donde la cagaba.
En mi cabeza había una idea. vamos a hacer esto porqué sí,
porque me entretiene y me gusta. Ya habrá tiempo de forrase en
la vida, y comprar un trasto de estos restaurado como Dios manda. Cambiar
el color tal vez fue un error. El azul estaba muy estropeado, (se podría
decir, que mi coche estaba cianótico) y el negro es un color, que
definitivamente está pensado para este coche. Con cuidado pinté
hasta los emblemas de los tapacubos, tal y como había visto que
lo llevaban en mi niñez. Necesité dos semanas para terminar
este trabajo, y el resultado fial era bastante cutre, pero el coche había
ganado un montón. Y lo había hecho gracias a mí.
Quizá lo más sencillo, dentro de la complicación, fue
conseguir que el interior no diera ganas de bajarse para no volver a subir.
Encontré una tienda de repuestos más vieja aún que
sus propietarios, y allí, a precio de saldo, conseguí embellecedores,
cerraduras, intermitentes, y otro montoncillo de piezas, que ayudaron
a que el coche recobrara una mínima parte de su originalidad. Paseando
por desguaces cántabros, conseguí la calandra original,
y algún piloto en estado semi aprovechable. Por aquél entonces,
mi padre empezó a ver como su jardín se iba llenando de
piezas de desguace procedentes de los lugares más extraños.
Una caja de cambios para conseguir un empujador, que por cierto, se perdió
en uno de mis paseos y me tuvo preocupado unos meses, unos parachoques
en estado seminuevo, un depósito nuevo de gasoil sin esa extraña
obstinación de chorreo, un juego de cerraduras, una rueda casi
que aceptable, el alternador de una furgoneta Sava que, lo que son las
cosas, parecía cargar la batería, una moqueta de a 400 el
metro, con el mismo tono de la original, excelente para tapar agujeros...
¡era la chapuza con mejor aspecto que había visto en mi vida!
El
viejo "Jeremías"
Hoy
es el día, que más o menos, se pueden observar, con una
cierta dosis de generosidad, trazas del pedigree que tuvo en su día.
Aunque no es más que una tremenda chapucilla realizada a lo largo
de estos últimos años, no le he puesto ni lucecillas extra
ni asientos de leopardo. Tan siquiera una pegatina que no fuera de un
milqui. Por supuesto supe resistirme a la tentación de incluír
un alerón trasero de Cosworth, o tercera luz de freni, o mlucecillas
de Kit en el morro y una estrella de mar en la palanca de cambios, y la
radio es una Marconi de a 600 en el Cash Converters. Faltaría más.
Uno no tiene muchos medios porque se está pagando el piso, pero
tampoco es tonto. No señor. Además, mi colección
ha crecido con otros coches, como un R-8, y un R-12 de principios de los
70, y ahora espero ahorrar para hacerme con un 850 cupé o un gordini,
que también parece ser un auténtico chutón.
En cuanto a la mecánica, es bastante fiable. Ahora que no pierde tanto
líquido de frenos, y arranca a la primera, siempre y cuando no
haya menos de siete grados en el garaje, parece casi un vehículo
utilizable. Peculiaridades como la descarga de la batería al llevar
un rato con las luces encendidas, o la pérdida de líquido
en el depósito del pedal del embrague, o la curiosa tendencia de
mi padre a tirarle gotas de pintura encima, no tienen ninguna importancia.
Cada vez que pulso la lumbrera hasta que sale la llamarada y le doy al
botón de la puesta en marcha, todos los pajarillos de Burgos enmudecen,
y en un radio de dos kilómetros a la redonda, solo se oyen sus
taqués modelo "máquina de coser de la abuela"
metiendo su peculiar sonido, mientras la bomba de agua, felíz,
deja escapar un hilillo de anticongelante pulverizado a través
de su, milveces recompuesto, retén. Estos coches son duros. ¿Cómo
puede sino, el aspa de un ventilador, doblerse completamente tras pillar
un pedazo de bache impresionante, sin que reviente el radiador?
Mi querido 1.500 responde al viejo Jeremías, duerme bajo techo, y sólo
está expuesto a las carretillas, la desbrozadora y las brochas
de mi padre. No tengo demasiado tiempo para hacerle caso, pero supongo,
que si pudiera, estaría contento, porque le ha tocado en suerte
una jubilación, hasta cierto punto digna. Además es mi niño
mimado, le hago más caso que a los otros, y hasta le he montado
una web. ¿Se puede estar mejor con la treintena ya bien cumplida?
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