Era claro y alto, como el monte Fuji", comentaba hace algunos años en Tokio desde su enigmática sonrisa japonesa uno de los ex novicios de Pedro Arrupe de los trágicos tiempos de Hiroshima. Evocar el Fujiyama o monte sagrado, que recorta su cima nevada en el horizonte nipón, es tanto como señalar el símbolo más sublime para un japonés.
    Espero que con la lectura de estas sencillas páginas experimentes una pizca de la famosa "seducción Arrupe", que a muchos, mientras vivió e incluso después de muerto, les ha ayudado a cambiar su vida. Y, si no, al menos algo de curiosidad para conocerle más y mejor. Ya que su trayectoria humana y espiritual, para creyentes o no es la de un testigo privilegiado del siglo XX y un profeta del XXI. ¡En todo caso bienvenido al "optimismo Arrupe"!

Pedro Miguel Lamet