El título
principal de la película es un cartel el cual es apartado por el vocero del circo,
presentando sus atracciones.

Vocero:
No os habíamos mentido,
camaradas.
Os dijimos que teníamos monstruosidades vivas
y respirando.
Os riereis de ellas, os burlareis de ellas,
pero por un accidente
de nacimiento, podríais haber sido como ellas.
La cámara enfoca a un grupo de personas que, atentas,
están en pié. En la pared hay un letrero: "Tragasables", y al fondo,
vislumbramos algunas indistintas figuras sentadas, como si estuviesen viendo el
espectáculo. 
Ellos no pidieron venir al mundo, pero al mundo
vinieron.
Su código de conducta es su ley.
Ofende a uno, y ofenderás a todos.
(conduce a los espectadores a una cabina
cercada cuyo contenido está oculto para la cámara.)
Y ahora, camaradas, si se
acercan a este lado, podrán ver
a la más sorprendente monstruosidad viviente
de todos los tiempos.
(Una mujer grita)
Amigos, ella fué una vez una hermosa mujer.
Un príncipe real
se disparó por amor a ella.
Ella era conocida como pavo real del aire.....
Flashback a una hermosa mujer actuando en un
trapecio. En el suelo un par de personas pequeñas, hombre y mujer, vestidos con atavío
formal, miran desde detrás de una cortina.
La mujer enana, Frieda, dice algo en alemán a su compañero, Hans
HANS:
Es la más hermosa mujer grande que jamás haya visto.
FRIEDA:
Por qué, Hans, qué dices. Me voy a poner celosa enseguida.
HANS:
No seas tonta.
FRIEDA:
¿Que no sea tonta? Esa mujer está lanzando miradas a mi Hans. Por supuesto que no voy
a ponerme celosa.
HANS:
Oh, Frieda, querida, yo sólo tengo ojos para una mujer...La mujer a la que pido que
sea mi esposa.
Una escena de la trapecista actuando.
Una escena del forzudo luchando con un toro.
Un actor disfrazado sostiene las riendas de un potro para Frieda.
Ella camina hacia el y se monta. Conversan en alemán.
La trapecista entra desde detrás del telón y se aproxima a Hans.
Ella es dos veces más alta que como Hans.
Nota que él no aparta su mirada de ella y deja caer su capa
pretendiendo que parezca una caída accidental, y Hans se apresura a recogerla.
Frieda, desde encima de su potro, mira.
Cuando él alza la capa para ponérsela en los hombros de la trapecista,
ella sonríe dándole la espalda y esperando que él se la ponga sobre los hombros.
HANS:
¿Está riéndose usted de mí?
TRAPECISTA:
¿Por qué? No, monsieur.
HANS:
Entonces, me alegro.
TRAPECISTA:
¿Por qué debería yo reírme de usted?
HANS:
La mayoría de las personas grandes lo hace.
Ellos no comprenden que yo soy un hombre,
con los mismos sentimientos que ellos.
La trapecista se arrodilla para permitir a Hans poner la
capa en sus hombros.
Cuando él lo hace, ella agarra sus manos y tira de ellas de manera que sus mejillas
estén al lado de las suyas.
TRAPECISTA:
Gracias. Es usted tan amable...., monsieur.
Frieda sigue mirando, cada vez más molesta.
La trapecista camina hacia ella y, aunque está subida a su potro,
el "Pavo Real del Aire" es aún más alta que ella;
al llegar a su altura, toca los volantes de su vestido.
TRAPECISTA:
¡Qué bonito!
FRIEDA:
(Intentando apartarla)
No haga eso, quieta.
(Azuza al caballito, y su ayudante les conduce afuera)
TRAPECISTA:
(a Hans)
Debe usted venir a verme algún día, y podremos tomas algo de vino juntos.
(Ella pellizca su mejilla. Él se lo agradece con una
reverencia. Está claramente turbado.)
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