La misión que tiene encomendada el Juan Sebastián de Elcano es doble: por un lado servir de escuela de guardiamarinas y por otro ser embajador de España por todo el mundo.
El
barco ya fué proyectado como tal, siendo por ello mucho más rico
en adornos y detalles que los veleros de su época y que le hacen ser
hoy una auténtica joya flotante. Uno de los mejores entre los pocos "grandes
veleros" que quedan en la actulidad.
En él todo esta dispuesto para este fín, para servir de escuela a los futuros oficiales de marina. Cuenta con aulas y dependencias en las que los alumnos realizan sus estudios y actividades, además de otras tareas propias de la vida en el mar, teniendo la oportunidad de aprender a navegar sólo con la ayuda del sextante y el viento, como los antiguos marinos.
Quizá uno de los aprendizajes más importantes sea el de la convivencia a bordo. No es fácil convivir con casi trescientas personas en un barco de apenas cien metros de eslora. Aquí aprenden a vivir y a trabajar en la mar durante períodos prolongados, recibiendo el ejemplo y la experiencia de otros miembros de la dotación. Esta enseñanza resulta fundamental para aquellos que harán de la mar su profesión.
El buque se ha convertido en un bello símbolo de España que causa admiración en todos los puertos que toca, no sólo por su majestuosidad y belleza sino por lo que representa para todos aquellos españoles que viven lejos de su tierra. Emociona ver el recibiento que estas gentes le deparan, recuerdo de su país que dejaron hace muchos años.