DIEZ AÑOS DE AMISTAD. Anécdotas vitales del Coro "Harmonía" (con H) del Centro Icodense.

Por Pastor Díaz (Secretario y conciencia crítica del grupo)

 

INTRODUCCIÓN                 58K

 

Aunque los ensayos preliminares comenzaron un año antes, fue el día 17 de septiembre de 1988 cuando el Coro "Harmonía" se presentó públicamente en el salón magno del Centro Icodense, ofreciendo a todos los pobladores de esta ciudad una nueva actividad cultural de la que estaban huérfanos hasta ese momento. Así pues, cumple en este año 1998 una década de existencia, lo cual nos llena de orgullo a todos los componentes de este singular grupo de canto coral. Desde el principio el coro tuvo las puertas abiertas a todas aquellas personas que, aún sin tener conocimientos musicales, ni una voz soberbia, quisieron participar en una actividad ciertamente minoritaria, pero atractiva y embriagadora, como ocurre con todo, si se sabe apreciar en lo que vale. De este modo, durante estos diez años de duro trabajo, de alguna pequeña decepción, pero de innumerables satisfacciones, han pasado por sus filas más de un centenar de coralistas, que de una manera u otra aportaron su granito de arena y ayudaron a modelar el carácter y la idiosincrasia del grupo.

Encuentros corales en Tenerife y La Palma, misas mayores, conciertos de Navidad, festivales, presentaciones, entrega de premios, homenajes, bodas. Hemos hecho de todo. Bien o mal, lo cierto es que a lo largo de esta década, el Coro "Harmonía" ha dado lo mejor de sí mismo a un público que nos ha respetado y al que nosotros siempre hemos agradecido ese aplauso que nos compensa de cualquier sinsabor producido para llegar a ese momento. Por ello no nos importa robar tiempo a nuestro ocio para dedicarlo al canto coral.

Recuerdo la primera vez que oí cantar al coro. Fue en la plaza de Lorenzo Cáceres, durante las fiestas del Cristo del Calvario, en Icod. Qué conmoción. Envidié a aquellas personas capaces de entonar canciones de manera tan hermosa y me prometí a mí mismo que yo cantaría con ellos. Dicho y hecho, me presenté a Teresa en medio de la calle, me hizo una prueba y "pa`dentro". En aquel momento no conocía prácticamente a nadie y, sin embargo, el calor con el que me acogieron hizo que aprendiera a apreciarlos a todos. Hoy, transcurridos varios años, los considero, en palabras de don Lucio, nuestro Presidente, una segunda familia, y a los más jóvenes que han entrado después de mí como a mis hermanos pequeños, a quienes no consiento que nadie les tosa.

En fin, que estamos encantados de formar parte de este coro, practicando una actividad cultural que nos gusta a todos y representando a nuestro Icod del alma, al que tanto criticamos, pero al que tanto queremos (qué le vamos a hacer).

LA NOCHE DEL "VIRUJEN".

¡Qué frío hacía aquella noche! Nos contrataron para cantar en el barrio de San José, municipio de La Guancha, en Navidad, y como somos gente que nos apuntamos a cualquier bombardeo, aceptamos ir. Todos creíamos que la actuación iba a ser en una iglesia o local similar, como es la costumbre en estos casos. Pero cual sería nuestra sorpresa cuando llegamos al lugar. Se trataba de un polideportivo y el programa de actuaciones era el siguiente: una representación teatral a cargo de los chicos del barrio, una tuna universitaria y, al final, nosotros. Nos miramos a la cara y dijimos: "Pero, ¿qué hacemos nosotros aquí? ¿Cómo encajamos en esto?". El ambiente estaba caldeado (por lo que se refiere a la diversión, porque el frío calaba los huesos) y la gente tenía unas ganas de marcha que impresionaba. El sainete era una locura navideña, y la tuna, pueden imaginarse, animó aún más el "sarao". Nosotros, en cambio, llevábamos un repertorio de villancicos, populares y atractivos, pero bastante más tranquilos. "Con las ganas de fiesta del personal, cuando empecemos a cantar lo nuestro, aquí puede ocurrir el apocalipsis", decíamos. Y encima, para más inri, con el uniforme blanco y negro. Parecíamos cucarachas. Si al menos hubiéramos llevado unos gorros rojos... En fin, ánimo y al toro, que somos jóvenes y valientes. Total, de algo hay que morir. Y ocurrió el milagro. El público quedó en silencio. Los críos alborotadores de las primeras filas pararon en su algarabía. El retumbar del polideportivo quedó reducido a un ligero zumbido nada molesto. Y cantamos bastante bien, por cierto. Verdaderamente salimos muy satisfechos de aquel lugar, porque el público se portó de maravilla y notamos que ellos se lo pasaron tan bien como nosotros. Sólo un pero: hacía un frío que se las pelaba. El fresco nos entraba por debajo de la chaqueta del esmoquin y nos dejaba más tiesos que un boquerón en el frigorífico del supermercado. Y de las mujeres con sus blusas, ni lo cuento. Hacía tanto "virujen" que en un momento dado de nuestra actuación, terminando de cantar el "Festejo de Navidad", al entonar todos al unísono el "¡Aaaah!" final, expulsamos tanto vapor de nuestras bocas, que el escenario se llenó de una espesa bruma londinense, desapareciendo, por unos momentos, de la vista del público. Y no exagero un pelo, che. ¿O sí?.

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LUCIO: UN PERSONAJE EGREGIO.

Uno de los miembros más queridos de la coral es Lucio, nuestro presidente. Es un caballero de los de antes, como dice la canción de María Dolores Pradera. Siempre correcto, impecable en su hablar, culto, simpático donde los haya y con un espíritu siempre jovial y animoso. Conocerle es apreciarle. Su cerebro es un completísimo archivo de anécdotas y vivencias históricas de Icod. Pero es que él es, en si mismo, un auténtico vivero de anécdotas. Genio y figura, recuerdo en una ocasión que cantábamos en el salón del Centro Icodense durante las fiestas del Cristo del Calvario, y en la calle, paralelamente, se celebraba un festival folklórico. En un momento dado pasó cerca una fanfarria, de modo que Teresa interrumpió la actuación hasta que el sonido de las trompetas y tambores se alejara. Todos permanecimos inmóviles. ¿Todos? No. Lucio, ni corto ni perezoso, salió de la formación como quien no quiere la cosa, se dirigió al balcón principal de la Sociedad, y luego de contemplar el paso de la parranda, se reincorporó a tiempo de reiniciar nuestro concierto. Y el público, entretanto, sentado en sus cómodas sillas, disfrutando del espectáculo.

LOS DESPISTES DE JUAN FRANCISCO.

Juan Francisco es otro de nuestros personajes egregios. Un prodigio de anécdotas. Recuerdo un día 18 de enero, festividad de la Virgen de la Esperanza y víspera de San Canuto, rey, y de Tecla y Saturnino, que fuimos a cantar a La Guancha. Misa por la mañana y concierto en el Casino por la tarde. Pues bien, a eso de las ocho, después de haber dado cuenta de un generoso brindis que nos ofrecieron, nos recogemos para tomar la guagua que había de llevarnos a Icod. Y así lo hacemos casi todos, porque próximos a llegar a nuestro destino alguien pregunta: "¿Y Juan Francisco?". Miramos a nuestro alrededor y comprobamos que nuestro hombre se había quedado en La Guancha. Cachondeo general. "Si es que no cambia". Tres veces ha ocurrido lo mismo. Y seguirá ocurriendo, seguro. Si fuera a decir que pasa desapercibido, vale, pero es que Juanfra siempre ha sido un peso pesado en la Coral.

ORGANIZACIÓN PARA SALIR A CANTAR.

Si hay algo que caracteriza de forma marcada a "Harmonía" son nuestras entradas. Es un hecho incontrovertible: jamás entraremos en un escenario y nos colocaremos sin que ocurra algo imprevisto. Lo tenemos asumido. Podemos repetir una y otra vez cada paso que debemos dar, quién tiene que entrar, cuándo, cómo, cuánto hay que esperar, etc., pero al final cada uno hará lo que le dicte su conciencia (o inconsciencia, mejor dicho), con el consiguiente cabreo soterrado de Argeo, responsable de protocolo del Coro, y a quien podrán distinguir claramente de los demás, porque es el tenor que en el momento de ocurrir el percance baja la cabeza con parsimonia y resignación, moviéndola de un lado a otro, como diciendo para sí: "Ya me lo decía mi madre, tenía que haberme dedicado a sexar pollos, porque esta gente no aprende, Señor de la Cañita Hueca...". Y de las salidas, mejor no hablar, porque la cuestión puede tornarse dramática, ¿verdad, Argeo?

 

EL GRAN BANQUETE.

Cada año, Pilar Castro tiene la amabilidad de invitar al Coro "Harmonía" a la Semana Musical que organiza en La Laguna. Siempre esperamos la fecha con ilusión, pues lo pasamos de miedo. Pero sin duda el mejor año fue en octubre de 1997. Cantamos en el convento de las "Monjas Claras", junto con la coral de la "Casa de Venezuela" y la "Castro Salazar", por supuesto. Todo muy bien. Al finalizar, después de unas amabilísimas palabras de Pilar, en las que nos llamó sus "corales amigas", tuvo el detallazo de invitar a todos los coralistas participantes (alrededor de un centenar de personas con ganas de diversión) a saborear un brindis en su casa. Yo alucinaba. Hace falta tener valor para meter a tanto "juerguista" en su propio hogar. Imaginen, aquello parecía "El camarote de los hermanos Marx". Todas las habitaciones de la casa estaban a rebosar. De hecho, no todo el mundo pudo entrar, así que sacamos unas mesitas a la calle, y a través de las ventanas fuimos ofreciendo platos y bebidas para los "bergantes" que se lo estaban montando en la calle. Comiendo, bebiendo, cantando. En fin, menudo sarao montamos. Y tuvimos suerte de que la policía no asomara el "hocico" por allí, si no, se hubiera montado la de "San Quintín", por escándalo público y porque seguro que está prohibido divertirse tanto. Gracias, Pilar.

CORO "AFONÍA" DEL CENTRO ICODENSE.

Cada año, el último domingo de septiembre, cantamos por la mañana en la Misa Mayor que se oficia en la iglesia de San Marcos. Es una tradición... y una pasada. "Enresulta" que durante esos días las fiestas del Cristo están en su máximo apogeo en Icod. La noche anterior siempre hay verbena popular, jaleos en las tascas del Callejón, kioscos con música a toda pastilla,... y como más de la mitad de los miembros de la coral somos "niños", disfrutamos del ambiente salvaje hasta el final, apurando todas las posibilidades. Consecuencia: llegamos a la iglesia (el que llega, ¿verdad Alex?) medio dormidos, con los ojos como papas, desorientados y afónicos perdidos. Y a pesar de ello, siempre hemos salido con buen tino de la tribulación. Se conoce que Dios, que es padre amantísimo de estos sus hijos, vela por nosotros. Incluso aquel año que por la cuerda de tenores solo aparecimos Lucio, Argeo y el que suscribe. Argeo y yo, aparte de todas las circunstancias antes referidas, veníamos todavía cargados con el ambiente de fiesta disfrutado hasta pocas horas antes. Comenzamos la "Messe Brève" de Gounod, y al entonar el "Gloria", tema que contiene notas bastante agudas (ej.: altíííííísimus) y bastante seseantes (ej.: sssssspíritu), a mí me salieron todos los gallos renqueantes del mundo, y a Argeo le salió la madre de todos los bacilones, con lo cual, entre risa y risa y me río porque me toca y porque me da la gana, el coro tuvo que cantar el "Gloria" sin tenores. Pero la chota no terminó ahí, ya que al finalizar el oficio, Teresa se acerca a nosotros, con el pulgar hacia arriba, y sonriendo nos dice: "Estos son mis chicos. Hoy sí que han respondido los tenores". Para que fue eso. Estuvimos babeando de risa hasta las siete de la tarde del día siguiente.

LA MOJADA.

Hace unos años nos invitaron a cantar en el Encuentro de Navidad que anualmente se celebra en la iglesia de la Concepción de La Laguna. A nosotros nos correspondía ser los primeros del canto común, abriendo las actuaciones de las corales invitadas. Madrugamos y llegamos bastante temprano al Teatro Leal, donde se nos había convocado para ensayar los temas que debíamos cantar todos los grupos juntos, alrededor de una quincena, al final del encuentro. Pero cual no sería nuestro asombro cuando nos vimos ensayando solos una coral catalana, otra polaca y nosotros. Los demás compañeros se habían evaporado a preparar sus actuaciones, mientras los de "Harmonía" (que éramos los primeros, no se olvide) colaborábamos para que el ensayo fuera lo mejor posible. Nos empezamos a desesperar cuando comprobamos que el tiempo se nos echaba encima y estábamos en el teatro ensayando, como era nuestra obligación, sin estar vestidos aún, y sin haber preparado nuestro repertorio individual. Y para colmo de males, afuera caía el diluvio universal. Cuando terminamos el ensayo, nos vestimos a toda pastilla, salimos a la calle sin paraguas, y llegamos a la Concepción "enchumbados" (dícese, mojados como pipotes..."a buen entendedor pocas palabras..." ;-)). Y encima los organizadores con apuros. Más de uno de nosotros se acordó de la santa madre de algún individuo. Al final, salimos y cantamos un villancico en francés completamente empapados. Si la gente supiera lo que se sufre para ofrecer un espectáculo digno... Claro que en esto de mojarnos, somos un grupo con cierta experiencia. Recuerdo una vez que fuimos a cantar la misa al aire libre que se celebra cada año en honor del Cristo del Calvario, en Icod. Nosotros cantábamos desde en interior de la diminuta ermita, cuando en mitad de la ceremonia comenzó a llover. Increíble. La gente, ni corta ni perezosa, se levantó de las sillas y corrió a meterse dentro del templito. Luego les siguieron, por este orden, los curas, la imagen del Cristo, los miembros de la Cofradía, las autoridades presentes, los técnicos de sonido,... ¿Han visto la escena del camarote de los Marx? (otra vez) Pues nosotros los superamos. (Por cierto, que ese día no nos invitaron a comer. La organización alegó fallos de coordinación. ¿O sería que nos culpaban del aguacero? :-D)

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Actualizada el 07/09/98