• Introducción
  • Índice y resumen
  • Concordia
  • Geografía
  • Enlaces a otros sitios
  •  

      1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14  

      Sección 6: Prodigios de Jesús y misión de los discípulos (Sep 28 - Abr 29)
    Jesús se aparta de la gente, cruza el lago con sus discípulos y hace calmar la tempestad en el lago (Sep 28). Desembarca en Gerasa y arroja los demonios de un endemoniado , que entran en los cerdos; los lugareños temen a Jesús. Retorna pues a Cafarnaúm, donde resucita a la hija de Jairo y cura a la hemorroísa que toca su manto (Oct 28). Es rechazado en Nazareth (" Nadie es profeta en su tierra ").
    Envía a los discípulos en su primer viaje misional, de dos en dos: "La mies es grande y los obreros pocos", mientras Él emprende otro viaje por Galilea (Nov 28).
    En este tiempo Herodes ordena degollar a Juan Bautista, a instancias de la hija de Herodías. Entonces los discípulos retornan y se reúnen con Jesús (Mar 29). Cruzan el lago buscando la soledad, pero se encuentran con una multitud en Betsaida; Jesús sigue enseñando y curando, y al atardecer realiza la primera multiplicación de los panes para alimentar a 5000 hombres. La multitud entusiasta quiere hacerlo rey; Jesús hace embarcar a los discípulos y él huye a la montaña; al atardecer, va a su encuentro caminando sobre las aguas, mientras ellos luchan contra el viento; después del intento fallido de Pedro de imitar su andar sobre las aguas, Jesús llega a la barca y el viento se calma. Realiza curaciones en Genesareth y en Cafarnaúm exhorta al pueblo a buscar el alimento eterno; se proclama como el pan bajado del cielo y escandaliza a los fariseos al decir: "Mi carne es la verdadera comida y mi sangre la verdadera bebida". Llega la tercera Pascua, pero esta vez Jesús permanece en Galilea. Nuevamente, Jesús increpa a los fariseos por aferrarse a tradiciones humanas: porque "sólo lo que sale de adentro mancha al hombre" (Abr 29).
     

     La tempestad en el lago


    8:18  Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla.
    8:23  Subió a la barca y sus discípulos le siguieron.
    8:24  De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido.
    8:25  Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»
    8:26  Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.
    8:27  Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»
    4:35  Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.»
    4:36  Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.
    4:37  En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca.
    4:38  El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
    4:39  El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza.
    4:40  Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»
    4:41  Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»
    8:22  Sucedió que cierto día subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar.
    8:23  Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro.
    8:24  Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» El, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza.
    8:25  Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»
     
     
    El endemoniado de Gerasa


    8:28  Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino.
    8:29  Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»
    8:30  Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo.
    8:31  Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos.»
    8:32  El les dijo: «Id.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.
    8:33  Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados.
    8:34  Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.
    5:1  Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos.
    5:2  Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo
    5:3  que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas,
    5:4  pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle.
    5:5  Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.
    5:6  Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él
    5:7  y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.»
    5:8  Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.»
    5:9  Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.»
    5:10  Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.
    5:11  Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte;
    5:12  y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.»
    5:13  Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.
    5:14  Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido.
    5:15  Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor.
    5:16  Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos.
    5:17  Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.
    5:18  Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él.
    5:19  Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.»
    5:20  El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
    8:26  Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea.
    8:27  Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.
    8:28  Al ver a Jesús, cayó ante él, gritando con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.»
    8:29  Es que él había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto.
    8:30  Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre? «El contestó: «Legión»; porque habían entrado en él muchos demonios.
    8:31  Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo.
    8:32  Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo permitió.
    8:33  Salieron los demonios de aquel hombre y entraron en los puercos; y la piara se arrojó al lago de lo alto del precipicio, y se ahogó.
    8:34  Viendo los porqueros lo que había pasado, huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas.
    8:35  Salieron, pues, a ver lo que había ocurrido y, llegando donde Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús; y se llenaron de temor.
    8:36  Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.
    8:37  Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. El, subiendo a la barca, regresó.
    8:38  El hombre de quien habían salido los demonios, le pedía estar con él; pero le despidió, diciendo:
    8:39  «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.» Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.
     
     
    Resurrección de la hija de Jairo y curación de la hemorroísa que toca su manto


    9:18  Así les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.»
    9:19  Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos.
    9:20  En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto.
    9:21  Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.»
    9:22  Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento.
    9:23  Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando,
    9:24  decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él.
    9:25  Mas, echada fuera la gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.
    9:26  Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.
    5:21  Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.
    5:22  Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies,
    5:23  y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.»
    5:24  Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.
    5:25  Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años,
    5:26  y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor,
    5:27  habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.
    5:28  Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.»
    5:29  Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.
    5:30  Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?»
    5:31  Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»
    5:32  Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho.
    5:33  Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad.
    5:34  El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
    5:35  Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?»
    5:36  Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.»
    5:37  Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
    5:38  Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos.
    5:39  Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.»
    5:40  Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña.
    5:41  Y tomando la mano de la niña, le dice: « Talitá kum », que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.»
    5:42  La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.
    5:43  Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.
    8:40  Cuando regresó Jesús, le recibió la muchedumbre, pues todos le estaban esperando.
    8:41  Y he aquí que llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba entrara en su casa,
    8:42  porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban.
    8:43  Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie,
    8:44  se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre.
    8:45  Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»
    8:46  Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.»
    8:47  Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.
    8:48  El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.»
    8:49  Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llega diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.»
    8:50  Jesús, que lo oyó, le dijo: «No temas; solamente ten fe y se salvará.»
    8:51  Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña.
    8:52  Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.»
    8:53  Y se burlaban de él, pues sabían que estaba muerta.
    8:54  El, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.»
    8:55  Retornó el espíritu a ella, y al punto se levantó; y él mandó que le dieran a ella de comer.
    8:56  Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado.
     
     
    Jesús rechazado en Nazareth


    13:53  Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
    13:54  Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?
    13:55  ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
    13:56  Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»
    13:57  Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.»
    13:58  Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.
    6:1  Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
    6:2  Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
    6:3  ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
    6:4  Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
    6:5  Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
    6:6  Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
       
     
    Envío de los discípulos:
     a. "La mies es grande y los obreros pocos"


    9:35  Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.
    9:36  Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.
    9:37  Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.
    9:38  Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»
         
     b. Modo del anuncio evangélico : "No toméis nada para el camino..."

    10:5  A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
    10:6  dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
    10:7  Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
    10:8  Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
    10:9  No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas;
    10:10  ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
    10:11  «En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis.
    10:12  Al entrar en la casa, saludadla.
    10:13  Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.
    10:14  Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.
    10:15  Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.
    10:16  «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.
    6:7  Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
    6:8  Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja;
    6:9  sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.»
    6:10  Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí.
    6:11  Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.»
    9:1  Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;
    9:2  y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.
    9:3  Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno.
    9:4  Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.
    9:5  En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.»
     
     
    Jesús y los discípulos salen a predicar

    11:1  Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
    6:12  Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran;
    6:13  expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
    9:6  Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
     
     
    El degüello del Bautista: Herodes y la hija de Herodías


    14:3  Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
    14:4  Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.»
    14:5  Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.
    14:6  Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes,
    14:7  que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese.
    14:8  Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».
    14:9  Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese,
    14:10  y envió a decapitar a Juan en la cárcel.
    14:11  Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.
    14:12  Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.
    6:17  Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.
    6:18  Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»
    6:19  Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía,
    6:20  pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.
    6:21  Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.
    6:22  Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
    6:23  Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»
    6:24  Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»
    6:25  Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»
    6:26  El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.
    6:27  Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel
    6:28  y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
    6:29  Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
    3:19  Pero Herodes, el tetrarca, reprendido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y a causa de todas las malas acciones que había hecho,
    3:20  añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.
     
     Superstición de Herodes

    14:1  En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús,
    14:2  y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
    6:14  Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
    6:15  Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»
    6:16  Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»
    9:7  Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;
    9:8  otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado.
    9:9  Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.
     
     
    Retorno de los Apóstoles y retiro a Betsaida

      6:30  Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
    9:10  Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida.
     
     
    Primera multiplicación de los panes


    14:13  Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades.
    14:14  Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
    14:15  Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.»
    14:16  Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»
    14:17  Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
    14:18  El dijo: «Traédmelos acá.»
    14:19  Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
    14:20  Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
    14:21  Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
    6:31  El, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer.
    6:32  Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.
    6:33  Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos.
    6:34  Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
    6:35  Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada.
    6:36  Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer.»
    6:37  El les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
    6:38  El les dice: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Después de haberse cerciorado, le dicen: «Cinco, y dos peces.»
    6:39  Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba.
    6:40  Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
    6:41  Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces.
    6:42  Comieron todos y se saciaron.
    6:43  Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces.
    6:44  Los que comieron los panes fueron 5.000 hombres.
    9:11  Pero las gentes lo supieron, y le siguieron; y él, acogiéndolas, les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
    9:12  Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.»
    9:13  El les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»
    9:14  Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»
    9:15  Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.
    9:16  Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.
    9:17  Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
    6:1  Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades,
    6:2  y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos.
    6:3  Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
    6:4  Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
    6:5  Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?»
    6:6  Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.
    6:7  Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.»
    6:8  Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
    6:9  «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
    6:10  Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000.
    6:11  Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
    6:12  Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.»
    6:13  Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
     
    Jesús huye de la multitud. Caminata sobre las aguas


    14:22  Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
    14:23  Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.
    14:24  La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.
    14:25  Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.
    14:26  Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.
    14:27  Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»
    14:28  Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»
    14:29  «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.
    14:30  Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!»
    14:31  Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
    14:32  Subieron a la barca y amainó el viento.
    14:33  Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»
    6:45  Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente.
    6:46  Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.
    6:47  Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra.
    6:48  Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo.
    6:49  Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
    6:50  pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Animo!, que soy yo, no temáis.»
    6:51  Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos,
    6:52  pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
      6:14  Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.»
    6:15  Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
    6:16  Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar,
    6:17  y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos;
    6:18  soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse.
    6:19  Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.
    6:20  Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis.»
    6:21  Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
     
    Curaciones en Genesareth


    14:34  Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.
    14:35  Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
    14:36  Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.
    6:53  Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
    6:54  Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida,
    6:55  recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba.
    6:56  Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.
       
     
    La promesa de la Eucaristía:
     a. Buscar el alimento eterno

          6:22  Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos.
    6:23  Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.
    6:24  Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
    6:25  Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
    6:26  Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.
    6:27  Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.»
     b. Jesús, el pan bajado del cielo

          6:28  Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
    6:29  Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
    6:30  Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
    6:31  Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.»
    6:32  Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
    6:33  porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
    6:34  Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
    6:35  Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
    6:36  Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis.
    6:37  Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
    6:38  porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
    6:39  Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.
    6:40  Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»
    6:41  Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»
    6:42  Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?»
    6:43  Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
    6:44  «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
    6:45  Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
    6:46  No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
    6:47  En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
     c."Mi carne es la verdadera comida y mi sangre la verdadera bebida"

          6:48  Yo soy el pan de la vida.
    6:49  Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;
    6:50  este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
    6:51  Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
    6:52  Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
    6:53  Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
    6:54  El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
    6:55  Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
    6:56  El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
    6:57  Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
    6:58  Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»
    6:59  Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
     d. Escándalo de fariseos y discípulos "Duro es este lenguaje..."

          6:60  Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
    6:61  Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?
    6:62  ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...
    6:63  «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.
    6:64  «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
    6:65  Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»
    6:66  Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
    6:67  Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
    6:68  Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna,
    6:69  y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»
    6:70  Jesús les respondió: «¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo.»
    6:71  Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, uno de los Doce.
     
    Tercera Pascua: Jesús permanece en Galilea

          7:1  Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle.
     
    Jesús critica a los fariseos
     a. A los fariseos


    15:1  Entonces se acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen:
    15:2  «¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las manos a la hora de comer.»
    15:3  El les respondió: «Y vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
    15:4  Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte.
    15:5  Pero vosotros decís: El que diga a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda es ofrenda",
    15:6  ése no tendrá que honrar a su padre y a su madre. Así habéis anulado la Palabra de Dios por vuestra tradición.
    15:7  Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:
    15:8  Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
    15:9  En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.»
    7:1  Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.
    7:2  Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,
    7:3  - es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos,
    7:4  y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -.
    7:5  Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?»
    7:6  El les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
    7:7  En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.
    7:8  Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.»
    7:9  Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!
    7:10  Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís:
    7:11  Si uno dice a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán - es decir: ofrenda -",
    7:12  ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre,
    7:13  anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»
       
     b. Al pueblo

    15:10  Luego llamó a la gente y les dijo: «Oíd y entended.
    15:11  No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.»
    7:14  Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended.
    7:15  Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
    7:16  Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
       
     c. A los discípulos: "Ciegos guías de ciegos"

    15:12  Entonces se acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?»
    15:13  El les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre del cielo será arrancada de raíz.
    15:14  Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»
         
     
    "Lo que sale de adentro es lo que mancha al hombre"


    15:15  Tomando Pedro la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.»
    15:16  El dijo: «¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia?
    15:17  ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado?
    15:18  En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre.
    15:19  Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias.
    15:20  Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.»
    7:17  Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola.
    7:18  El les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle,
    7:19  pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» - así declaraba puros todos los alimentos -.
    7:20  Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
    7:21  Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,
    7:22  adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.
    7:23  Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
       

      1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14    


      Realizado por: Hernán J. González
    e-Mail: hgonzal@sinectis.com.ar
    http://webs.sinectis.com.ar/hgonzal/
    Buenos Aires, Argentina. Septiembre 2000
    Ultima revisión: 30/09/2000