Cuando tuvimos que elegir un sitio para nuestro restaurante, nos recorrimos toda la parte central de Cantabria. En el momento en que llegamos a este precioso recodo a la orilla del río Pisueña, nos fué muy fácil decidirnos.

Más tarde descubrimos que fué un gran acierto porque en este lugar de paso, al pie de los valles pasiegos, nos encontramos con el tipo de público que más nos agrada: el que busca la tranquilidad del entorno, sabe paladear los detalles del paisaje y aprecia que esos mismos matices se encuentran en nuestra cocina.
 

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