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Campoo
y Valderredible. Sus peripecias como parte de Cantabria Las actuales provincias y comunidades autónomas españolas están conformadas por la suma de territorios que, a lo largo de los últimos dos mil años, han estado adscritos a diferentes entidades jurisdiccionales de perfiles, en muchos casos, bastante diversos de las actuales. Esto ha sido así en la más sencilla de las circunstancias, puesto que tampoco fue infrecuente en el pasado que fragmentos mayores o menores de esos mismos territorios pertenecieran simultáneamente, durante prolongados periodos de tiempo, a jurisdicciones de naturaleza diferente, ya fuera ésta eclesiástica, hacendística o militar. Este fenómeno, tan característico de la organización administrativa del Antiguo Régimen, también se dio en el ámbito geográfico de lo que hoy es Comunidad Autónoma uniprovincial de Cantabria, aunque de forma más moderada que en otras regiones, durante el devenir del muy largo periodo temporal a que nos referimos. Nadie mínimamente informado cuestiona el hecho de que los territorios situados al sur de esta Comunidad Autónoma formaran parte en el pasado lejano del conjunto ocupado por el pueblo de los cántabros. Es más, las fuentes del Ebro, en torno a las que se articula la comarca campurriana, sirvieron reiteradamente de referencia a los autores clásicos para situar geográficamente en el mapa a la vieja Cantabria protohistórica y romana e incluso visigoda.
Son relativamente abundantes los documentos del siglo XIII en que las Asturias de Santillana, Liébana, Pernía y Campoo aparecen englobadas en tina amplia demarcación denominada "Peñas de Amaya hasta el mar", bajo la jurisdicción de un oficial del Rey común, al que se conocía como "merino". Situación que de alguna manera permanece durante el siglo XIV, cuando cada uno de esos territorios ya estaba claramente estructurado como Merindad diferenciada, puesto que el ámbito de competencia de los "corregidores" que esporádicamente enviaban los reyes para corregir abusos solía seguir siendo el de esas cuatro merindades. Cuando en el siglo XV el oficio de corregidor deja de ser algo coyuntural y eminentemente personal, y pasa a ser el destino de una especie de gobernador en un territorio claramente definido, como consecuencia de la articulación de la corona de Castilla en corregimientos llevada a cabo por los Reyes Católicos, uno de los que se establecen es el Corregimiento de Reinosa, estrictamente superpuesto y coincidente con los perfiles de la para entonces multisecular Merindad de Campoo. Durante aquellos años sabemos que la Merindad ya estaba estructurada en ocho subconjuntos territoriales, consistentes en siete hermandades y un valle. Las hermandades eran las siguientes: Cinco Villas, Campoo de Suso, Campoo de Enmedio, Campoo de Yuso, Valdeolea, Los Carabeos y Valdeprado, mientras que el valle no era otro que Valderredible. Aunque el conjunto fuera considerado como territorio de realengo, estaba salpicado en toda su extensión por algunos pequeños injertos de enclaves señoriales (Rioseco, San Miguel y Santa Mª de Aguayo, Pesquera, Bustasur, Camesa, etc.) entre los que el de mayor extensión, sin duda, era el denominado Marquesado de Argüeso; territorio éste que tras ser duramente disputado entre las casas de Aguilar y del Infantado, acabó bajo esta última jurisdicción a comienzos del siglo XVI. Toda esta fragmentada superestructura administrativa no era inconveniente para que la gente de la tierra se siguiera considerando a sí misma como parte de una entidad territorial de ámbito bastante mayor: La Montaña. Así lo pone claramente de manifiesto un conjunto de documentos homogéneos del primer tercio del siglo XVI. Se trata de los pasaportes para viajar a Indias que emitía la Casa de Contratación de Sevilla; entre todos los de ese periodo histórico se localizan no menos de 230 referidos a gentes procedentes del solar de la actual Cantabria, entre los que se encuentra un puñado en que el emigrante, además de consignar su lugar de nacimiento, dice que el mismo estaba en La Montaña. Tal declaración la hacen individuos procedentes tanto de Sámano, Guriezo \ Trasmiera, como Pas y Polaciones, pero también de Valdeprado y Valderredible.
Cada una de las siete hermandades y el valle elegían anualmente a un Procurador Síndico que era el encargado de representarles en la Hermandad y Ayuntamiento General de la Merindad de Campoo, cuya capital era la villa de Reinosa, donde se reunían. La desgraciada circunstancia del incendio del archivo del Ayuntamiento de Reinosa durante la Segunda República (1932) nos ha privado de las actas y demás documentación producida por aquella Hermandad General, por lo que la reconstrucción de su devenir en el tiempo sólo puede intentarse a través de los papeles particulares de las hermandades y el valle que la componían, normalmente conservados en los Protocolos Notariales de cada una de ellos. En 1635 se desgajó por voluntad propia del Corregimiento y Merindad de Campoo el valle de Valderredible, mediante un privilegio concedido por el rey Felipe IV; por lo que desde entonces quedó constituido como jurisdicción independiente, regida por dos alcaldes ordinarios elegidos entre el vecindario.
Cuando el primer Borbón español, Felipe V, estableció definitivamente el régimen de intendencias (1749) en su afán por racionalizar la Hacienda Real, la actual región de Cantabria quedó bajo la jurisdicción de dos de ellas; la mayor parte del territorio, bajo la denominación de Partido de Cuatro Villas y Bastón de Laredo, quedó incorporada como subintendencia a la intendencia de Burgos; el llamado Partido de Reinosa con Valderredible como otra tal a la Intendencia de Toro. Era ésta un irregular, disperso y extraño ámbito territorial que se completaba con los partidos de Carrión y del propio Toro. Durante la dominación napoleónica, el rey José I estableció una división del territorio español en "departamentos". Entre ellos se creó uno denominado Departamento de Cabo Mayor, que, con capital en Santander, abarcaba toda la actual región cántabra, incluido el Partido de Reinosa. En abril del año siguiente se volvió a reestructurar de nuevo el territorio, pero esta vez en "prefecturas", a imagen y semejanza de lo que su hermano el Emperador Napoleón había hecho en Francia, de las que una fue la Prefectura de Santander, también con Campoo y Valderredible incorporados. Sobre un esquema semejante de ordenación administrativa del territorio trabajan las Cortes de Cádiz, hasta que el golpe de estado dado por el rey Fernando VII en mayo de 1814 lo dejó todo sin efecto.
De lo expuesto tan sucintamente se desprende que la antigua Merindad de Campoo con Valderredible permanecieron, de una u otra manera, unidos al resto de los territorios que conforman la actual Cantabria desde la Antigüedad hasta el presente, aunque en los restringidos ámbitos de la recaudación hacendística, y en un menor periodo en la eclesiástica, formaran parte de jurisdicciones vecinas. De cualquier modo, tal como decíamos al comienzo de este artículo, ello no diferencia el caso de Cantabria del de cualquiera otra de las regiones españolas, dadas las cambiantes condiciones políticas y sociales que se han sucedido en los largos periodos medieval y moderno sobre los diferentes territorios de lo que hoy llamamos España. |
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1999, Jose L Lopez