|
|||||
El
Marquesado de Argüeso
Cualquiera de nosotros, a la vista de alguno de los testigos mudos que ha dejado la historia, hemos dejado volar nuestra imaginación y hemos hecho de algunos de estos lugares el escenario de no pocas aventuras, centro de encuentros felices, de ensoñación... Este ha debido ser el caso de lo que ha suscitado el imponente Castillo de Argüeso, en Campoo, para muchas generaciones. Pero no cabe duda de que nuestra imaginación se queda corta a la hora de recrear todo el conjunto de vivencias que esas solemnes piedras han visto y oído durante siglos. Si de la imaginación pasamos a la historia, que no es sino recreación documentada y razonada, vamos a retrotraernos a la época del castillo, a la Edad Media, esa edad tan maltratada, tachada de oscura y retrógrada sin ningún fundamento, y vamos a conocer quién, por qué, y con qué finalidad se construyó en aquel tiempo esta edificación. De entrada he de recordar que la fábrica actual, recientemente rehabilitada, fue un castillo señorial, construido, probablemente en el siglo XIV, como una de las fortalezas importantes del Señorío de la Vega en Campoo de Suso. Anteriormente, el lugar de Argüeso. dado su emplazamiento absolutamente estratégico, fue un asentamiento altomedieval, con su iglesia dedicada a San Vicente, y posiblemente antes de la edificación en piedra existiera en ese cerro otra construcción en madera desde la que se controlaba el territorio campurriano como punto de observación y defensa de las cañadas ganaderas. A comienzos del siglo XV el castillo pertenece a una de las más significativas titulares del Señorío de la Vega: Dª Leonor, y constituye la casa fuerte o fortaleza desde la que se recaudan los derechos del "señorío de Campo de Suso", desde donde se defiende el patrimonio de este señorío y se controlan las comunicaciones de Cantabria con la Meseta. Su heredero, Iñigo López de Mendoza, nombrado marqués de Santillana por Juan II en 1455, convierte el castillo en uno de los centros de su Marquesado, y su sucesor será ya conocido a fines del siglo XV, además, de Marqués de Santillana, como Marqués de Argüeso o marquesado de Campoo de Suso. Este marquesado tendrá una larga existencia, pues así continuará hasta principios del siglo XIX.
Además, según quien fuese el titular, es decir, según la condición social del señor del Señorío, existieron en la Edad Media distintos tipos de señoríos. Si el señor era un abad su señorío se denomina abadengo -y así por ejemplo los abades de Cervatos al tener distintos vasallos en la zona de Campoo ejercieron en ellos un Señorío-. Si el señor o señora era un aristócrata o un noble, se denomina solariego, y un ejemplo de este tipo es el señorío ejercido por Dª Leonor de la Vega, quien, en concreto, en 1432 tenía 11 vasallos en Argüeso y 60 en distintas aldeas de Campoo. Y, finalmente, se considera señorío de realengo cuando es el propio rey el que ejerce directamente el poder, bien en una zona concreta, en una abadía, en una aldea, o en una villa de realengo, o bien sobre campesinos distribuidos por el reino. Las aldeas de La Lomba, Celada, La Serna. Espinilla... pertenecieron en su conjunto al señorío de realengo y en cambio en Abiada el rey sólo tenía algún vasallo en 1353. Es evidente que todos los señoríos no eran iguales ni en tamaño, en el caso de los territoriales, ni en el número de vasallos dependientes, pero sobre todo eran diferentes según los poderes que los "Señores" podían ejercer sobre sus vasallos. Y en ese sentido debo recordar que al rey, en su reino, le correspondía exigir a sus súbditos unos determinados tributos por su propia condición de señor, demandar de ellos un servicio de armas -tenían la obligación de acudir al ejército para defender el territorio- y proceder al ejercicio de la justicia; es decir el rey y sus oficiales, corregidores, merinos, alcaldes... tenían la capacidad de juzgar a sus súbditos. De tal forma que depende de lo que el rey concediera y delegara en cada uno de sus vasallos, "señores", existieron diferentes formas de ejercer el señorío. Había señores que únicamente estaban capacitados para exigir a sus vasallos subordinados unos impuestos económicos -generalmente unas rentas en especie- ; otros, sin embargo, podían adicionalmente obligar a los campesinos a participar en sus propias milicias, y los señoríos más completos también estaban capacitados para juzgar a SUS propios vasallos. Es decir, podían ejercer todos los poderes reconocidos como propios de los monarcas.
Y este inmenso patrimonio, -vasallos, derechos y bienes- lo heredará Iñigo López de Mendoza, quien ya he comentado que recibió el título de I Marqués de Santillana y, en consecuencia, su señorío el título de marquesado. Sus sucesores añadirán a estos títulos el de marqueses de Argüeso. La administración del marquesado requería diversos oficiales propios y un conjunto de casas fuertes, torres o fortalezas, desde donde ejercer las distintas competencias de su poder. En primer lugar la recaudación fiscal. Por varios conceptos, los campesinos vasallos del marquesado de Argüeso tenían que pagar distintos impuestos, unos en reconocimiento de su vasallaje. como la infurción o la martiniega, pagada anualmente por San Juan o por San Martín; otros, como el nuncio, para poder trasmitir los derechos a sus sucesores y heredar, e incluso, en ocasiones, otros de carácter extraordinario. como el pedido, o las multas, penas pecuniarias por infringir la justicia civil o criminal. Estos impuestos se abonaban indistintamente en metálico o en especie: cereales o carneros. En segundo lugar la convocatoria a armas. El marquesado necesitaba su propia milicia en una época especialmente conflictiva por la competencia señorial y las luchas dinásticas; tenía que tener sus propios guerreros y guarniciones acantonadas en las fortalezas. Y, finalmente, también en estos centros y especialmente en Argüeso, se procedía a la administración de la justicia señorial. Uno de estos centros de administración económica, judicial y defensa del señorío fue precisamente Argüeso, el castillo de Argüeso con su barbacana defensiva y su mesnada desde donde el responsable del castillo, el alcaide, nombrado por el titular del señorío, ejercía las funciones anteriormente descritas. El alcaide, si el señorío poseía la capacidad de ejercer justicia, de juzgar y castigar, también podía ser el encargado de la misma, y el marquesado contó desde el siglo XV con esa competencia. En esa época, el castillo o torre de la Vega (Torrelavega) y la fortaleza de Argüeso eran los centros más importantes de administración y ejecución de la justicia del Marquesado. En 1533 el alcaide de la fortaleza de Argüeso era el justicia mayor y esta circunstancia presupone que allí se encontraba una de las prisiones del señorío.
También como imponente fortaleza, definida por el propio asentamiento y por su muralla, para que se pudiera resistir mejor los ataques o los asedios, con sus torres y terrazas donde los vigías se relevaban para dominar la comarca y poder preparar y proceder a su defensa. De manera que ante cualquier agresor, los habitantes del castillo, los caballeros, un grupo de jinetes guerreros profesionales, ayudados por los campesinos vasallos de la zona que tenían que servir obligatoriamente en la guarnición. eran los responsables de llevara cabo campañas militares o de defender el castillo. El castillo albergaba asimismo una sala donde el alcaide o justicia procedía a juzgar a los vasallos que cometían cualquier delito. -desde un robo hasta al que sorprendían cogiendo leña en el bosque del señor o llevando su rebaño al prado de otro, etc.- para garantizar así la seguridad del señorío. Y. en consecuencia, también el castillo contaba con un lugar sórdido donde encerrar a los prisioneros y otro en el que ejercer la justicia; el poyo o la forca donde se procedía a colgar a los culpables de delitos graves. Todo ello en un espacio vivo y bullicioso, donde convivía mucha gente, abuelos, hijos, y nietos y familiares, lúdico, a pesar de que los juegos infantiles son mal conocidos. Los varones adultos se entretenían con los dados, con la pelota, cabalgando por los campos, cazando, -una de sus diversiones favoritas cuando no estaban guerreando-, cobrando los impuestos por las aldeas donde tenían los vasallos, o recorriendo el no más próximo y por supuesto, cantando, recitando y bailando. Las mujeres más dedicadas al Cuidado de la prole o al trabajo de la lana o el lino, hilando y confeccionando las rudimentarias ropas de la casa. Espacio engalanado cuando recibía la visita de nobles, abades o amigos, mercaderes o de grupos de juglares y trovadores, acróbatas, bailarines o músicos. Surcado por amores y desamores, por renuncias y nostalgias, por momentos de felicidad y de desgarramiento, sinsabores como en cualquier lugar del mundo y en cualquier época del pasado y del presente. BIBLIOGRAFÍA DUBY, G. El siglo de los caballeros, Madrid, 1995. PÉREZ BUSTAMANTE, R. CALDERÓN ORTEGA, J.M. SAN MIGUEL PÉREZ, E. El Castillo y Marquesado de Argüeso. Historia y documentos. Santander, 1988 PÉREZ BUSTAMANTE, R. Sociedad, Economía, Fiscalidad y Gobierno en las Asturias de Santillana (S.XIII-XV) Santander,1979 GARCÍA DE CORTÁZAR, J.A. La vida en una aldea medieval. Santander, 1996. MUÑOZ JIMENEZ, J.M. Torres y castillos en la Cantabria medieval, Santander,1993 |
|||||
Índices |
Volver |
Arriba |
|||
1999, Jose L Lopez