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Cuaderno Nº 5

Índices

Dos romances de la tradición oral
Elena Le Barbier Ramos


A lo largo de los siglos se han cantado estas composiciones narrativas llamadas romances por toda nuestra geografía, y el valle de Campoo no ha sido una excepción. Generalmente un ciego o mendigo ambulante iba cantando estas coplillas de pueblo en pueblo y los "chiquillos" que le seguían iban aprendiendo estas letras que narraban un hecho acaecido recientemente. Posteriormente, se cantaban en la intimidad del hogar o bien en las reuniones festivas o de trabajo. Me ha parecido interesante trascribirlas, comentar aquí dos de estos romances antiguos cantados en este valle de Campoo, ya que al ser trasmitidos oralmente su pérdida sería irremediable de no recogerse en papel impreso.

GENERALIDADES

Los romances tienen su origen en los cantares de gesta; los juglares los recitaban y cantaban en los ambientes cultos de la sociedad medieval; a partir del siglo XV fueron también los hombres del pueblo llano quienes los ejecutaban y desde entonces se han seguido cantando hasta nuestros días, bien conservando muchos de los viejos temas o bien añadiendo otros nuevos.

Se pueden distinguir tres grandes grupos de romances:

1- Romance literario. Es el romance de los siglos XV y XVI, generalmente recogidos en los diversos cancioneros españoles.

2- Romance de tradición oral. Es el que se ha trasmitido de padres a hijos, de generación a generación, llegando hasta nuestros días.

3- Romance de pliego o semiculto. Son aquellos romances, procedentes de ediciones de pliego que posteriormente se hacen populares. Suelen tener un carácter semiculto, por lo que su diferencia con el romance tradicional es fundamentalmente estilística. También llamados romances de ciegos, ya que era principalmente un invidente quien los cantaba de pueblo en pueblo e iba vendiéndolos recogidos en los denominados pliegos de cordel para que la gente pudiera seguir mejor el suceso narrado.

Un romance de ciego alcanza mayor calidad cuanto más completo y detallado se nos muestra, mientras que un romance tradicional es más bello cuanto más estilizado v sintetizado se encuentre, El primero tiene una mayor tendencia a lo truculento, lo macabro, lo lacrimógeno; suele contar un suceso, lo más largo posible, en forma narrativa para intentar convencer a los oyentes de la veracidad de un determinado hecho, por muy increíble que sea, y todos los datos que el cantor pueda aportar contribuyen a hacerlo más verosímil. Cuando un tema de ciego se hace tradicional, desaparecen algunos de estos detalles y se hace más simplificado, atendiendo menos a lo accesorio. Por supuesto, en muchos casos es difícil hacer una separación absoluta entre estas dos categorías, a menudo entremezclada.

Dentro de cada romance, unas partes se olvidan, otras se desarrollan y a menudo se introducen añadidos en una misma composición. Esto obedece a que, generalmente el cantor tradicional va apreciando las reacciones de los oyentes y puede tender a alargar unos episodios o a acortar y suprimir otros. Aunque también influye el hecho de que al no ser cantores profesionales, ellos mismos podrían olvidar aquella parte de la historia que no fuera demasiado interesante.

Ello da lugar a numerosas versiones y variantes de un mismo romance hasta tal punto que se hace imposible reconocer cuál fue la versión original; así por ejemplo, se han encontrado hasta mil del conocido romance “Conde Olinos", procedentes de distintas localidades y épocas. Cuantas más versiones se conozcan de un romance tanto más conocido, cantado y popular habrá sido. La popularidad, es decir la aceptación de una determinada versión por parte de una comunidad, depende del grado de aprobación con que los receptores admitan esa variante, Por otro lado, también se da lo que podemos llamar la "actualización de un romance lógicamente la temática épica e histórica de siglos anteriores se va cambiando con el paso del tiempo, así por ejemplo los hechos ocurridos en una guerra nacional se sustituyen por otros hechos más cercanos a los oyentes, como los acaecidos recientemente en su aldea.

Un ejemplo de lo dicho anteriormente, sería la trasformación del romance “La amada muerta" del siglo XVI en el romance "¿Dónde vas Alfonso Xll?" a la muerte de la reina Mercedes:

 

¿Dónde vas tú, el desdichado / dónde vas triste de ti?
Voy en busca de mi esposa / que ha tiempo que no la vi..
¿Dónde vas, rey Alfonsito  / dónde vas triste de ti?
Voy en busca de Mercedes / días ha que no la vi..

Dentro de la variadísima temática de los romances, se pueden distinguir tres grandes categorías:

1- De asunto familiar. En todos ellos, el conflicto familiar es nudo y motor del poema; casi siempre conforme a un triángulo de fuerzas que actúan dentro de la misma familia. Citaremos como ejemplos “Delgadína", “La Infanticida", “La mala suegra” , "Blancaflor y Filomena", “Casadita de lejanas tierras" o “Las tres cautivas".

2 - De asunto amoroso. Son los romances de "amor" propiamente dichos, como por ejemplo "El Conde Olinos" “La boda estorbada", "Los mandamientos", “La pobre Adela" o "El Desdichado”, que analizaremos más adelante.

Dentro de este segundo grupo estarían los romances de tipo más picaresco, como “La molinera y el corregidor", “La dama y el pastor", "La doncella guerrera" o "El molinero y el cura igualmente en los que el tema del honor tiene prioridad frente al amor, como “La serrana" o “Isabel " y finalmente aquellos romances que tienen conexión con crímenes o tragedias cometidos por amor, citemos por ejemplo “El cura y su penitencia" o "Muerte de Santa Elena". Es curioso observar cómo en muchos casos el Amor y la Muerte van ligados en estas historias narradas, como es el caso del romance "El Desdichado".

3 - De asunto social. Son los que tienen un carácter costumbrista, como “La loba parda", "Don Gato" o bien los que pertenecen a un plano sobrenatural como "Santa Catalina", "Milagros de San Antonio", “Jesucristo v el labrador" o "LaVirgen y el ciego".

Los personajes de los romances se presentan más como símbolos que encarnan pasiones, ideas o figuras de instituciones o poder, que como seres auténticamente caracterizados. Por lo común, la familia es el esquema básico sobre el que se articulan los distintos personajes, así por ejemplo el padre es "el rey", la madre “la reina y los hijos suelen ser "los héroes" o protagonistas principales de la narración, víctimas generalmente del "padre terrible" o "la madre mala”, ellos siempre vencen al final del romance, aunque sea en un plano sobrenatural (castigando la acción de sus progenitores desde el más allá), ya que en este tipo de narraciones el bien siempre triunfa sobre las malas acciones.

En el complejo proceso de producción y divulgación de un romance intervienen un creador del tema (tanto musical como literario), un difusor y uno o varios receptores. Casi siempre se dice que los romances son anónimos, debido a la dificultad de demostrar quién fue el autor; lo que sí sabemos es que este creador debe construir varias frases melódicas cortas y combinarlas correctamente con un verso de dieciséis sílabas (o sea con dos hemistiquios de ocho sílabas, formando estrofas cuyos versos pares rimen en asonante); estas frases tendrán un perfil característico, formando intervalos que casi nunca sobrepasarán la octava y con un ritmo fácilmente adaptable al auditorio; se formará así un bloque que se irá repitiendo a lo largo de toda la composición; esto será lo que facilite el aprendizaje del romance.

El difusor suele ser un cantor ambulante que busca su público entre los diversos pueblos y a los que vende sus coplas impresas por un módico precio. Estos cantores suelen tener una excelente memoria y gran capacidad de interpretación. Suelen cantar acompañados de algún instrumento popular que facilita la ejecución del tema, tradicionalmente han sido las zanfonas las encargadas de esta labor, aunque igualmente puede ser el rabel (sobre todo por esta zona) el que acompañe el canto del romance.

El receptor puede ser de dos tipos, activo y pasivo. El receptor activo será aquel que asimile algunas de las versiones interpretadas por el difusor, incorporándolas a su propio repertorio y el pasivo es el que sólo muestra su aceptación o rechazo a lo escuchado.

La informante  a la derecha Ramona Ramos, en 1929 Pasaremos seguidamente a comentar los dos romances recogidos en Reinosa y valle de Campoo. El primero. Titulado “El Desdichado" me fue facilitado por mi tía‑abuela Ramona Ramos de 90 años de edad y natural de Villar. El informante del segundo romance, titulado "¿Dónde vas Adelaida?" fue mi madre Elena Ramos, natural de Reinosa, que a su vez lo había aprendido de la suya, Al no haber prácticamente romances cantados hoy colectivamente, el informante suele ser un eslabón aislado dentro de la cadena de tradición, y se perderá si un hijo o un nieto no aprenden una determinada composición. Predominan las mujeres sobre los hombres; ello no es casualidad, ya que el romance es una forma de expresión que se ha ido convirtiendo en costumbre familiar, íntima, por ello no es de extrañar que madres y abuelas sean actualmente el vehículo más apropiado para la propagación de esta forma narrativa.

EL DESDICHADO

Cuando pregunté a mi informante si este romance tenía algún título, ella me contestó que no; lógicamente antaño no se aprendían estas coplillas por el título sino por el contenido. Buscando en los diversos cancioneros de la península, hallé este romance titulado en algunas ocasiones “El Desdichado" y en otras tantas "Sabadillo por la tarde" (primer verso de la composición), igualmente lo titulan "El Rondador Desesperado" o “El Amante Desdeñado", incluso en el “Cancionero Popular de la Provincia de Santander”, hay una versión recogida en Muslera por Sixto Córdova y Oña, titulada: "El día que tú te cases".

He aquí la versión recogida en Villar:

 

El sábado por la tarde  /  por tus calles me Paseo
por hablar con tus vecinas /  ya que contigo no puedo.

El domingo a la mañana  / voy a misa el delantero
como es costumbre de mozos / me paro en el cementerio

Veo venir lindas damas / con lindísimos meneos
y también te veo a ti /  con mucho modo y sosiego.
Cuando entras tu por la puerta /  me tapo con el sombrero
porque no diga la gente /  que por tus amores muero.

Tomastes agua bendita /  con los dos dedos del medio
y te vas a arrodillar / delante del Sacramento.

Estás atenta en la misa /  lo que yo atento no puedo
sólo con pensar en ti /  tengo todo el pensamiento.
 

Luego que salga de misa / voy a casa el delantero
para decirle a mis padres / que me vistieran de nuevo.
Buen zapato, buena media / buena capa, buen sombrero
si con esto no me quieres / a sentar plaza voy luego.

Luego te irás a la iglesia /  entre madrina y padrino
y a mí me estarán llevando /  en hombros de cuatro amigos.
Primera amonestación /  que en el altar lea el cura
será para echarme a mi / primero, a la sepultura.

Segunda amonestación / ya se acabó mi esperanza
El gozar de tu hermosura ...................       . /(1)
comerás buenos pollos en cazuela
cuando a mí me estén comiendo  / los gusanos en la tierra.

Luego te irás a la cama / entre sábanas de Holanda
entre siete pies de tierra / allí será la mi cama.

Tú te irás a tu casa /  rodeada de gente
y a mí me acompañarán /  cuatro luces solamente.

Cuántas vece spasarás / por donde yo esté enterrado
y ni siquiera dirás / ¡Qué Dios te haya perdonado

Hemos encontrado numerosas versiones de este popular romance (que se cree de principios del XIX), por toda nuestra geografía: Burgos, Palencia, Salamanca, Segovia, Valladolid, Extremadura, Asturias, Madrid. En el “Romancero Popular de la Montaña" recogido por Cossío y Maza encontramos igualmente este romance en varias versiones distintas: Reinosa, Campo de Ebro, Lantueno, La Lastra y Cañeda, incluso se recoge una distinta del mismo Villar, aunque incompleta; desgraciadamente no están analizados ni se encuentran transcritos musicalmente para poder hacer una buena reconstrucción del mismo, aunque nos ha servido para reconocer la gran cantidad de variantes que existen de un mismo romance ya que como se puede leer en la "Gran Enciclopedia de Cantabria" "sorprende la riqueza de matices literarios en las versiones montañesas del romancero, lo que permite suponer que en épocas pasadas este género literario tuvo mucha importancia en el folklore y en las tradiciones populares de Cantabria".

Podemos encuadrar este tipo de romance dentro del segundo grupo, es decir de asunto amoroso. Aquí se puede comprobar el hecho de que en muchas de estas composiciones el Amor y la Muerte van unidos. Es un monólogo subjetivo a diferencia de otras versiones como la recogida en Mojados (Valladolid), que tiene un carácter dialogado entre los dos protagonistas.

Se distinguen dos partes claramente; la parte de la misa, en la cual el amante no deja de admirar a su "no correspondida amada" y el tema de las amonestaciones y la comparación de éstas con la muerte por amor del protagonista. De ahí que algunas versiones, como la de Muslera empiecen así:

El día que tú te cases / se harán dos cosas a un tiempo
primero se hará tu boda / seguido se hará mi entierro.

Hay algunas versiones en las cuales se hallan individualizadas ambas partes del romance como dos composiciones distintas, por ejemplo la recogida por Agapito Marazuela en la provincia de Segovia solamente narra la primera parte del romance "Sabadillo por la tarde" o la recogida en Estremera del Tajo por J..M. Fraile “El rondador desesperado" mientras que en la versión recogida por Sixto Córdova y Oña "El día que tú te cases" sólo aparecen los versos referidos a las amonestaciones, así como en "La canción del amante desdeñado" recogida en Segovia. Otras versiones, como la de Villar unen las dos partes del romance, asimismo la recogida en Burgos por Luis Díaz y Miguel Manzano o la recopilada por Joaquín Díaz en Valladolid.

En cuanto al exordio (parte inicial), prácticamente todas las versiones encontradas comienzan con el verso: “El sábado por la tarde..." excepto la recogida en Mojados que curiosamente empieza así:

Los amantes de Teruel /  murieron de sentimiento;
yo también me moriré /  si no logro lo que intento.

El final tiene muchas más variantes, por ejemplo la de Campo de Ebro (Valderredible):

y a la cabecera pongan / un cantito bien labrado
con un letrero que diga /  "aquí murió un desdichado,
no murió de calenturas, / ni de punta de costado,
que murió de mal de amores / que es un mal desesperado

Aunque el final más original y que cambia totalmente el contenido del romance es el recogido en Retuerto (León):

Sin que sus padres lo sepan /  ni su novio la dejara
Se fue a despedir de él / cuando ya estaba en la caja.
Tanta pena le causó / que allí muerta se ha quedado.
Muerta se quedó la niña / en los brazos de su amante
y a los dos los enterraron /  en aquella misma tarde.

Quisiera destacar dos estrofas de la versión recogida en Campoo, ya que no aparecen en ninguna otra; encontramos recursos típicos del romancero como el número siete, de connotaciones mágicas y una expresión un tanto típica de estas tierras “la mi cama".

... /comerás buenos pollos en cazuela
cuando a mí me estén comiendo /  los gusanos en la tierra.
Luego te irás a la cama / entre sábanas de Holanda
entre siete pies de tierra /  allí será la mi cama.

En cuanto a la música, lo más interesante de esta tonada es su original sucesión de ritmos, que forma un curioso e infrecuente compás de amalgama: 6/8 + 3/8. Las versiones melódicas difieren mucho más que las literarias de unas zonas a otras, por ello es importante su trascripción en papel impreso, ya que de lo contrario se perderían irremediablemente al ser totalmente cantadas por tradición oral. Cada región marca sus diferencias melódicas y rítmicas, por ejemplo este romance en algunas zonas de Castilla se mide en tiempos de jota, tiene una figuración más pequeña e incluso se canta con adornos melódicos como algunos mordentes; la recogida en Campoo es más dramática y austera, cantando solamente una nota por sílaba, sin ningún adorno superfluo, adaptándose así perfectamente la letra a la melodía.

El romance puede tener una funcionalidad únicamente narrativa, sin embargo en el valle de Campoo tenía también otra finalidad: ayudar al labrador en las duras tareas del campo, ya que según me comentó mi informante, este romance era cantado por los hombres mientras trabajaban en las tierras, para hacer así más llevadera su labor y seguramente en algunos casos, dado el contenido del romance, para identificarse con el protagonista.

¿DONDE VAS ADELAIDA?

Este segundo romance cantado igualmente en Reinosa y alrededores, está muy unido al anterior; el tema es también el amor no correspondido, aunque en este caso la protagonista es una mujer. Se cree que es una composición más moderna que la anterior, quizá de principios de este siglo, hemos encontrado muchas menos variantes que en el romance anterior; destacaremos tres en la provincia de León y una en la de Zamora, esto no quiere decir que no fuese cantado en más lugares, aunque seguramente contaría con una menor popularidad que el anterior.

Versión recogida en Reinosa:

 

¿Dónde vas, dónde vas Adelaida?
¿Dónde vas, dónde vas por ahí?
Voy en busca de mi novio Enrique
Dos palabras le voy a decir. (bis)

Las amigas me andan diciendo
mira que Enrique te va a engañar
no es posible que Enrique me engañe
pues estoy planchando para irme a casar

Dan las ocho y Enrique no viene
dan las nueve y Enrique no va
yo me puse el traje de novia
y a la iglesia le fui a esperar (bis)

Ya le vi, ya te vi en la iglesia
arrodillado al pie del altar
pregunté que quién era aquél hombre
y era Enrique que se iba a casar (bis)

Figuraos que triste estaría
figuraos que triste estaré
ver al hombre que yo más quería
verle en brazos de otra mujer (bis)

No me importa que Enrique se case
ni tampoco las olas del mar,
lo que siento es que voy a ser madre
para nunca poderme casar (bis)

Se puede observar que la reiteración inicial que forma parte de tina intensificación expresiva es similar al romance ¿Dónde vas Alfonso XII?, antes mencionado. En la versión de Calzada de la Valdería (León) incluso hay una estrofa tomada de la Verbena de la Paloma:

¿Dónde vas con mantón de manila?
¿Dónde vas con vestido chiné?
Voy al campo y a ver la verbena,
y luego a los toros de Caramanchel.

Literariamente lo más destacable de esta versión recogida en Reinosa es el final, muy parecido a la variante de Santa Marta de Tera (Zamora):

Yo no siento que Enrique me olvide
ni tampoco las olas del mar,
sólo siento quedarme soltera
para nunca, nunca, poderme casar

Curiosamente, en la única versión que se dice el motivo por el cual no se puede casar, lo que constituye una moraleja implícita, es en la de Reinosa. Posiblemente la versión más completa sea la de Caldevilla (León), en la cual el final es otro muy diverso, pues la protagonista apuñala a su novio Enrique y posteriormente se tira a la mar. Quizá estemos ante un ejemplo del paso de un romance de ciego a otro de tradición oral (mucho más simplificado y menos truculento, aunque no por ello menos dramático).

Lo más destacable de la variante musical es su gran amplitud melódica, las alteraciones utilizadas y su cascada de tresillos finales, que hacen de esta melodía una versión más complicada de entonar que otras. Sigue sin haber adornos musicales, adaptándose la letra perfectamente a la música, como en el caso anterior.

Esperamos haber contribuido a un mejor conocimiento del romance cantado en el valle de Campoo y desde aquí hacemos una llamada a todos los campurrianos que recuerden alguna de estas narraciones, ya que sería de gran utilidad el escribirlas para una mejor conservación de nuestro acervo cultura


NOTAS

(1) No recuerda la letra.


BIBLIOGRAFÍA

CORDOVA Y OÑA, Sixto. Cancionero Popular de la Provincia de Santander. Libro 111, Cantos de Labores y Ronda. Santander. 1980.

COSSÍO, J.M. Y MAZA SOLANO, T. Romancero Popular de la Montaña. Tomo 1 y 11. Santander, 1933-34.

DUZ, L Y MANZANO, M. Cancionero Popular de Castilla y León. Salamanca, 1989.


DUZ, Joaquín. Romances Tradicionales. Tomo I y II. Valladolid. 1978.

DUZ, Joaquín. La Música en los Romances. Bilbao 1991.

MANZANO, Miguel.
Cancionero de Folklore Zamorano. Madrid, 1982.

MANZANO, Miguel. Cancionero Leonés. Vol II León. 1991.

MARAZUELA, Agapito.
Cancionero de Castilla, 1981.

MARÚNEZ, Justo.
Añoranzas. Costumbres castellano-campurriano-montañesas. Madrid 1982.

VVAA.
Gran Enciclopedia de Cantabria. Tomo VII. Santander, 1985



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1999, Jose L Lopez