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Juliobriga
en su marco histórico La fundación de la ciudad y la organización del territorio
En el caso concreto de Julióbriga no hemos encontrado restos arqueológicos que evidencien una presencia de pobladores en el periodo anterior a las Guerras Cántabras en el emplazamiento de la ciudad romana; sin embargo, conocemos yacimientos castreños prerromanos en lugares próximos, lo que nos lleva a deducir que en la fundación y formación de la ciudad de Juliobriga existió al menos, un componente humano indígena. El escaso conocimiento que aún tenemos de los cántabros en la época anterior a la conquista pone de relieve que la mayor parte de sus emplazamientos, castros o poblados fortificados, se concentraban en una estrecha franja de territorio constituida por los actuales Alto y Bajo Campoo, entre el Alto Pisuerga y los nacimientos del Ebro y el Besaya. En esta franja de terreno, de unos 30 km. de Norte a Sur, entre las actuales Reinosa y Herrera de Pisuerga, formada por pequeños valles abiertos, de una altitud entre 850 y 1.000 metros, se sitúan la mayoría de los emplazamientos cántabros prerromanos hasta ahora conocidos: Monte Cildá, Monte Bernorio, Celada Marlantes, Castro de Santa Marina, Fontecha, Fontibre y Aradillos. De éstos, solamente el último, si es correcta la tradicional identificación con Aracillum, es mencionado en las fuentes antiguas en el contexto de la Guerras Cántabras, como lugar fortificado, por los escritores latinos Floro y Orosio.
La ciudad de Julíóbriga es una fundación augústea, consecuencia inmediata de las Guerras de Augusto contra los cántabros, y su nombre, con el que Augusto parece que quiso ensalzar la memoria de su padre adoptivo Julio César, y la arqueología, cuyos materiales más antiguos remontan al final del siglo I a. de C., lo atestiguan claramente. En efecto, a partir del año 19 a.C., los romanos fundaron ciudades en zonas estratégicas en las que habían tenido lugar batallas decisivas. Julióbriga es creada como instrumento de romanización de los pueblos cántabros recién sometidos y es fruto de la política fundacional de ciudades dentro de la organización administrativa del occidente del Imperio romano que realiza Augusto a raíz de su regreso a Hispania fechado entre los años 15 y 13 a. C. Sabemos, por otra parte, a través de las noticias de los historiadores antiguos sobre el desarrollo de las Guerras Cántabras, que fue en este punto donde se centró la ofensiva de las tropas romanas y el principal escenario de los acontecimientos bélicos. Julióbriga representó sólo uno de los dos pilares en que se basó la política
augústea para el control del territorio cántabro tras las guerras
de conquista, concretamente el pilar del poblamiento civil. Todo parece
indicar que Julióbriga se funda en época augústea como ciudad sin
estatuto privilegiado; se trataría, por tanto, de una civitas stipendiaria,
‑ciudad tributaría‑, y el objetivo de su fundación
sería introducir las formas de vida y administración romanas en un
territorio como el cántabro, recién conquistado y donde predominaban
unas estructuras indígenas muy poco evolucionadas y ajenas a las más
elementales formas de vida urbana al estilo romano. En el extremo
sur de este gran pasillo natural formado por el río Camesa, entre
el Pisuerga y el Ebro, quedó estacionada la Legio IV Macedónica,
como pilar militar, que las recientes excavaciones parecen confirmar
la vieja hipótesis de que coincide con la moderna Herrera de Pisuerga.
Así, el territorio de la ciudad de Julióbriga tenía las espaldas cubiertas
al Sur por los soldados de la Legio IV Macedónica, situada
en lo que debía ser la zona limítrofe entre cántabros y vacceos. Por
su parte, Julióbriga, en pleno corazón del territorio de la Cantabria
romana, se funda como asentamiento cívico con fines más de tipo administrativo
y económico que militares. Debió de tratarse de una fundación de nuevo
trazado, pues, como hemos indicado, las excavaciones realizadas no
han demostrado la existencia de población indígena previamente asentada
en el TER(minus) AVGVST(alis) DIVIDIT PRAT(a) LEG(ionis) IIII ET AGRVM IVLOBRIG(ensium), reflejan la estructuración y organización del territorio, que se llevó a cabo inmediatamente después de la conquista de Cantabria y de la fundación de Julióbriga. El territorio que se asigna a la Legio IV lleva el nombre de prata; por otra parte, a Julióbriga se le asigna un territorio calificado como ager, que es la denominación propia del territorio ciudadano. Se pone, pues, de manifiesto, cómo el origen de Julióbriga obedece a la voluntad imperial de crear una ciudad con su propio territorio según el modelo típicamente romano de organización del espacio ciudadano. Por el Norte el territorio debía de llegar hasta la costa, pues Plinio señala la existencia del Portus Victoriae Iuliobrigensium, -probablemente Santander-, que debía representar la salida de Julióbriga al mar. En consecuencia, el territorio de la civitas debía de comprender como mínimo el valle del río Besaya, que nace en las proximidades de Julióbriga y desemboca en Suances, y una franja costera de extensión desconocida. Posiblemente también pudiera formar parte de su territorio alguno de los cursos fluviales paralelos al Besaya, como son el valle del Pas por el Este y el valle del Saja por el Oeste.
Igualmente los análisis palinológicos realizados en Julióbriga y en la turbera de Avellanosa, en Polaciones, han revelado que el clima en época romana era ligeramente más templado que el actual. La evolución de esta ciudad responde a la política augústea de urbanización, una vez concluidas las Guerras Cántabras, con fundaciones de ciudades a raíz de la reorganización administrativa de Hispania, que intentó relanzar posteriormente el emperador Vespasiano, la cual se manifiesta en una ampliación del perímetro urbano con nuevas viviendas. |
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1999, Jose L Lopez