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La publicidad en Reinosa en el siglo XIX INTRODUCCIÓN: Tal y como entendemos hoy la publicidad, no tiene nada que ver con la primitiva publicidad que se insertaba en los periódicos de finales del siglo XIX, a través de ésta podemos ir comprobando como la sociedad va evolucionando lentamente, como sus usos y costumbres varían de una sociedad tradicional a una más moderna y burguesa. Este cambio de mentalidad que iremos viendo, se acentúa mucho más en nuestra ciudad cuando Reinosa cuente con una industrialización mayor, que hace que sus transformaciones sean más drásticas, al recibir inmigrantes de las provincias limítrofes con la comarca.
La prensa reinosana no es una de las primeras de Cantabria, el primer periódico editado aquí es de 1884, mientras que en Santander, por ejemplo, se remonta a principios del siglo XIX. La publicidad a principios del siglo pasado, se colocaba en los diarios como una "noticia más", sin tener un interés de persuasión como el que adquirirá cuatro décadas después. En los primitivos anuncios predominaba, sobre todo, el juego con los tamaños de los caracteres y la tipografía, tratando de destacar en una página de minúsculas letras las excelencias del producto a vender. La prensa en Reinosa a finales del siglo XIX, está ligada a dos factores determinantes, uno de ellos es la población y el otro la tipología social. La pequeña villa de 1884 mostraba un censo de 1.500 personas de las cuales, muchas, habían venido de los pueblos cercanos para trabajar en las pequeñas industrias artesanales y la prensa lo que hacía era presentar a esa población foránea recién establecida, las posibilidades de compra en Reinosa. Por otra parte está la estructura social, en Reinosa existía a finales del siglo XIX, una élite culta que preocupada por la modernidad y el progreso que se estaba produciendo rápidamente en toda España, va a imitar los modelos más recientes en sus publicaciones. El primer periódico de Reinosa fue fundado por Demetrio Duque y Merino, intelectual atraído por la actualidad y con gran cantidad de contactos en el mundo tanto literario-político, como en el periodístico; esto le llevará a "saciar" sus necesidades informativas con la edición del periódico El Ebro (1884-1890), incorporando al papel los nuevos postulados periodísticos que ya se comenzaban a utilizar en España. La labor de El Ebro era informar, pero a la vez su sentido mercantilista se ve claramente en las tarifas de publicidad que presentaba en sus páginas y en el espacio reservado a ella, asumiendo la importancia de las cantidades de dinero obtenidas por este medio y lo trascendente que era anunciarse para los talleres, tiendas y cualquier vendedor que deseara prosperar. Este ejemplo de 1885 sirve para demostrar lo anterior, en las paginas destinadas a anuncios, El Ebro, se ofrecía así a los comerciantes: "A los señores anunciantes. El aumento de tamaño que hoy adquiere nuestro periódico, nos permite también ofrecer más hueco a los señores anunciantes y mayor economía en los anuncios, que podremos desde hoy, publicar en el tamaño, forma y extensión que apetezcan a los interesados (sic)." Con este aviso ya nos damos cuenta del interés que despertaba la recién descubierta prensa escrita para poder llegar a miles de lectores. Otro aspecto a destacar es la utilidad que va adquiriendo en el mundo la publicidad, que se plasma en la famosa frase "quien no se anuncia no vende" y que en El Ebro se explica así: "Un mes de anuncios en EL EBRO equivale a cuatro ó cinco mil prospectos, con la inapreciable ventaja de que, el prospecto repartido a la mano en las calles, llevado a domicilio ni sale del círculo de una población, ni se lee todas las veces, mientras que el anuncio publicado en nuestra cuarta plana, sobre repartirse en todos los pueblos de nuestra provincia, extenderse por toda España...(sic)". Es evidente que el periodismo reinosano, tenía muy clara la filosofía del mundo publicitario y como convencer a los posibles anunciantes.
2- PERIODOS Normalmente, se puede dividir en tres grandes periodos la evolución de la publicidad, uno que llega hasta la década de los setenta del siglo XIX y que es el comienzo de los postulados publicitarios, los anuncios son sencillos, y simplemente se comunica más que se intenta vender. En este periodo Reinosa no cuenta con ninguna publicación.
La última etapa se inicia en los primeros años del siglo XX y llega hasta 1950, donde se ve claramente que la publicidad ya se ha establecido casi como la conocemos hoy en día, con la existencia de agencias o la incorporación de la imagen fotográfica que destierra a los viejas tipografías. Para estudiar este periodo contamos con varias publicaciones como La Montaña (1904-1906), La Tierruca (1906-1907), Cantabria (1907-1908), Nueva Cantabria (1908-1909), Heraldo de Campoo ( 1912-1915) y por último, el periódico más reciente de todos Fontibre (1956-1963).
3- LA PUBLICIDAD EN "EL EBRO" (1884-1890) La calidad de una villa se mide por la cantidad de personas destacadas que existen en un momento determinado. Si esta premisa se aceptara como tal, Reinosa en la época comprendida entre 1880-1900, demuestra tener una gran importancia "artística". A finales del siglo XIX, Reinosa, como veremos a través de la publicidad, era una pequeña ciudad que vertebraba el norte de Castilla con Santander. Desde esta posición privilegiada se convertirá en un núcleo urbano con un gran desarrollo económico desde el siglo XIX hasta los años 70 del siglo XX. La población contaba con todos los servicios básicos, y con la aparición del primer periódico, podríamos decir que se modernizo rápidamente. El centro comercial, el punto neurálgico de Reinosa se concentraba en cinco calles: Puente, San Sebastián, Mayor, Espolón y Ebro. Esencialmente son las mismas calles que en la actualidad, lo que ha cambiado es el comercio. En 1885, Reinosa tenía dos fábricas de Jabón, El Progreso y La Esperanza; un sastre, José García, establecido en las Fuentes; una relojería, la de Tomás Abroncini en la calle Mayor; dos imprentas, la de Felix Rodríguez y la de Arselí Irún; un taller de albarcas, de Manuel Obeso; tiendas de confección y moda como la de Luis Soria; farmacias; bodegas; un salón de peluquería y barbería, de Estanislao Rodríguez, en la calle Puente; fábrica de quesos, de vidrio... y un largo etcétera que iremos viendo más adelante. ¿Esta enumeración somera que significa?, pues que probablemente existiesen más establecimientos de los cuales no tenemos noticias, por que no se anunciaban; esto nos demuestra que la publicidad en el periodo que estamos estudiando servía y mucho para sus propósitos.
Los anuncios en este segundo periodo publicitario, reclamaban a los
posibles compradores con muy pocas armas: las tipográficas y el recurso
del verso o cantar las excelencias del producto. Un aspecto muy importante
es la inserción de anuncios publicitarios de los llamados
"itinerantes", vendedores, médicos, barberos, que se iban
desplazando por diferentes zonas para vender u ofrecer sus mercancías o
especialidades. La manera de anunciarse en esta etapa, es bien sencilla como hemos visto, lo más habitual era destacar con grandes caracteres lo que se trataba de vender y contar con un texto apropiado para el producto que se ofrece, como en el caso del albarquero Manuel Obeso Gutiérrez, que en su anuncio trata de convencer, con su apariencia de seriedad, a los posible compradores de albarcas: "El dueño de dicho taller... se halla dispuesto á elevar á la mayor perfección, la elaboración de esta clase de calzado, indispensable hoy, á todo el que estime algo su salud. Se propone establecer precios económicos y fijos, evitando de este modo dudas al consumidor. Todo el calzado llevará la marca del taller con el fin de evitar fraudes". En este texto sobresalen tres cosas, la importancia de las albarcas como calzado y su relación directa con la salud; el precio fijo en un momento de fluctuaciones económicas y la marca de taller como marchamo de calidad, revalorizándose así el producto y su propio creador. Otro tipo de anuncios que se solían ver en la prensa reinosana eran los “breves”. Anuncios de particulares que venden, alquilan o reclaman cualquier cosa, la inclusión de éstos nos sirve para comprobar como El Ebro era un vehículo ideal para llegar a todo el mundo, incluso a los más alejados, los veraneantes. En los meses de verano, este tipo de avisos, sobre todo de alquileres de casas de vacaciones, proliferan extraordinariamente. Reinosa comienza a despuntar como centro turístico de la burguesía santanderina o castellana, que busca en los establecimientos de aguas de la comarca un lugar ideal de reposo, como en el caso de Corconte, balneario que poco a poco, comienza a tener una clientela fija compuesta por personas bien situadas socialmente. Así aparece un anuncio en junio de 1886, que esta dedicado a los "veraneadores": "se ceden muebles, colchones, ropas de cama y cuanto sea necesario de casa. En la imprenta de este periódico darán razón", podemos ver como además del alquiler de pisos se podían adquirir elementos de uso cotidiano.
Antes habíamos hablado de los "itinerantes", como algo que tendía a desaparecer en las grandes ciudades, pero que en las pequeñas poblaciones aún se mantenían. En Reinosa, entre 1884 y 1899, aparecen algunos “itinerantes”, sobre todo fotógrafos y médicos que llegaron por esas fechas, como un tal Antonio Redon de Torrelavega, que vendía "tarjetas americanas" con vistas fotográficas de Reinosa y su partido: fotos de la Plaza de la Constitución, Iglesia parroquial, paseo de Cupido, la calle Mayor desde el Café Madrid hasta la fuente de la Aurora y la Casa-Escuela de niñas; la colección se compraba en la redacción de El Ebro en 1887. Otro “itinerante” advierte que aún está en Reinosa, negando así el rumor de su marcha, es el médico Arturo Isla: "NO ES CIERTO, que D. Arturo Isla, marche de esta localidad. Continua y continuará admitiendo y recibiendo consultas en su casa.", otro ejemplo de médico itinerante es el de Emilio Alvarado, que atendía consultas en la fonda Universal hasta el 20 de agosto, el anuncio salía publicado el 19 de agosto de 1889. La afluencia de este tipo de doctores viajeros nos da una idea de la importancia que estaba tomando la imagen y la salud, sobre todo teniendo en cuenta que en esta época proliferaban las epidemias de cólera y la atención médica era aún muy escasa. Había otro tipo de “itinerantes”, que tenía diferente connotación, eran los actores y los espectáculos variados. En la etapa anterior, principios de siglo, la sociedad estaba aún poco "ilustrada", pero ahora, en los albores del siglo XX, la técnica y los avances científicos se "venden" como el último grito. El 8 de julio de 1888 llegaba a Reinosa un espectáculo que proclamaba a media columna del periódico los nuevos adelantos de la ciencia: "Por primera vez en esta villa, los misterios incomprensibles, ó sea las maravillas del mundo Los más grandes adelantos de la ciencia moderna...(sic)." Con este aviso, jugando con los tamaños de las letras, se anunciaba la compañía de Antonio de la Rosa que presentaba tres ejemplos de la "ciencia moderna": Sahara ó la ninfa del desierto, una especie de monstruo que solo tenía de humano el nacimiento del cuello y la cabeza, y estaba suspendida en el aire; La metempsicosis, el mármol se anima gradualmente, ¡habla, vive!; Ismael, joven que había dado la vuelta al mundo y solo era un tronco sin piernas ni vientre. Todos estos fenómenos "extraños", ya descubren el porvenir, la ciencia como medio para una vida mejor, pero a la vez esto también es un misterio que deslumbra a una población en plena transformación. Este espectáculo se benefició de una publicidad gratuita, al ponerse también en la sección de noticias como algo digno de ser visitado, recalcando así lo que de novedoso tenía. Una vez acondicionado el camino real en el siglo XVIII y con la nueva estación de ferrocarril creada en hacia 1865 y las paradas para carruajes, Reinosa se convierte en un lugar de tránsito de viajeros y viajantes que recorren de norte a sur las tierras de Cantabria y Castilla, esto provoca que los restaurantes reinosanos inserten en los periódicos locales publicidad para “atraer” a los posibles consumidores. La villa contaba a finales del siglo XIX con más de una veintena de establecimientos de este tipo. Pero serán los restaurantes con menú diario los que más anuncios produzcan, tal es el caso del Café Madrid, uno de los restaurantes, junto con el Apolo, que más aparecía en la prensa; para el 9 de octubre de 1887, el café Madrid, ofrecía como plato del día “Chuletas de ternera”, y como la mayoría de las casas de comidas de la época, todas las raciones podían ser servidas en la casa del propio cliente. Es un síntoma de cambio, el facilitar la tarea al “señor cliente”, que en definitiva es el que tenía la razón, como bien entendían los comerciantes de entonces. El Café de Apolo, no siendo menos que sus rivales, servía no sólo la comida a domicilio si no que también llevaba helados de todas las clases. Tal vez uno de los anuncios que más llamen la atención en la actualidad, pero que era algo muy común en el siglo XIX, era la oferta y demanda de amas de cría, esta costumbre muy antigua y arraigada también tiene su hueco en la prensa. En los periódicos de Reinosa aparece varios anuncios de mujeres que ofrecen su leche (aunque no debían ser tan famosas como las pasiegas) “Ama de cría, una joven, con leche fresca, se ofrece para criar en casa de los padres dentro o fuera de esta población. Dirijirse a Eugenia Arenas, calle de las Casetas núm. 12. Reinosa.”, este texto apareció en diciembre de 1886, y lo más apreciado era precisamente que tuviera “leche fresca”.
4- LA PUBLICIDAD EN "CAMPOO" (1894-1898)
Uno de los aspectos más destacados de la sociedad del siglo XIX era la mentalidad con la que se enfrentaban a la muerte. La importancia que se daba a los entierros, se percibe en los cambios que poco a poco se van produciendo en las funerarias, que al principio no dejaban de ser más que simples talleres que se dedicaban a la hojalatería o carpintería. Con el paso del tiempo, los intentos de superación de estos profesionales van a repercutir en los ciudadanos que demandará entierros más lujosos, con carruajes especiales y ataúdes más elegantes “la muerte exige en la ciudad unas apariencias sociales que rompan con las anteriores” (RIEGO, B. 1996), comienzan a aparecer esquelas y mucho más anuncios de pompas fúnebres en la prensa, esto es un signo de cómo los acontecimientos privados tienen ya una dimensión pública, que la publicidad se encargará de potenciar. En 1894, existía el taller de hojalatería de Mariano Caiña, que se dedicaba a colocar pararrayos, bombas e inodoros, pero que también era la agencia de pompas fúnebres “La Funeraria” y realizaba féretros de zinc, hierro galvanizado y madera. En 1895 comienzan a publicarse anuncios de la carpintería y gran funeraria de Luis García, donde se ofrecen toda clase de féretros, siendo los más caros los de zinc, frente a los de madera. Durante los años siguientes estos dos talleres pregonan sus mercancías asiduamente, rivalizando en los precios y en la calidad de sus productos. Luis García rebajaba los precios de todos sus ataúdes, y se encargaba, como era de esperar de todas las diligencias oportunas para el enterramiento, coronas, cruces, cintas, etc., al anunció insertado por este empresario en Campoo en 1897, le acompaña una nota: “llamo la atención del público sobre los módicos precios de esta nueva tarifa…precios no conocidos en esta localidad”. Por su parte Mariano Caiña, realizaba su campaña de una manera parecida: “construcción de féretros de cinc ó hierro galvanizado, desde lo más humilde hasta lo mas suntuoso y rico…”, esa casa también contaba con un servicio completo de capilla ardiente, y encabezaba su propaganda con la consabida frase de “precios sin competencia”. Esta competencia se puede apreciar en los periódicos reinosanos de la época, no solo en las agencias funerarias, sino en todos los demás comercios y tiendas, como vinos o relojerías, de las que existían varias en la localidad. Un tema muy destacado, por su importancia, en la prensa
regional y local es la guerra de Cuba, que desde 1897 ya ocupaba muchas
páginas demostrando la preocupación de la sociedad española ante la
situación de la Isla. Aparecen así los primeros anuncios de redención
de quintos, en los que se incluían las tarifas, que oscilaban entre
las 750 pts., para librar del servicio de armas en la península y
ultramar, hasta las 75 pts. por librar del servicio sólo en la colonia
al mozo objeto del seguro, sin embargo, esto no era así, ya que si
en el sorteo el quinto tenía la mala fortuna de ser destinado a Ultramar,
debía abonar 425 pts. más, cantidad que no estaba al alcance de todos. La publicidad insertada en la prensa reinosana en el siglo XIX, también recogía ofertas de productos o locales de Madrid o Santander. Esta movilidad de la publicidad sobre todo se refleja en “inventos” o artefactos que llamaban la atención en toda España y cuya única forma de darlos a conocer en los pueblos y provincias era difundirlos a través de la prensa local. Uno de los anuncios más peculiares, por lo que tiene de “moderno” y actual, era el del Dr. Morales de Madrid: “Tónico-genitales del Dr. Morales, célebres píldoras para la completa y segura curación de la IMPOTENCIA, debilidad, espermorrea y esterilidad. Cuenta con 27 años de éxitos y son el asombro de los enfermos que la emplean…”, además se mandaba por correo. Este anuncio vuelve a incidir en el interés que tenía la salud, en un momento en que la sanidad y la higiene no estaban demasiado extendidas por España. En este sentido en 1895, se publica un reportaje sobre el balneario de Corconte y sus maravillosas aguas, exponiendo lo que de beneficioso para la sangre y el cuerpo tenía esta agua. En ese momento existía un servicio diario de coches desde Reinosa para ir a tomar las aguas y también se vendían en la casa consignataria de la Viuda de Pozo que estaba situada en la calle Mayor, frente a la farmacia de la Sra. Viuda de Alonso En esta época se va notando la falta de “itinerantes” en la villa, aunque aún perdura algún fotógrafo, como un tal Valentín, o modistas que venían de Santander a ofrecer sus servicios. En conclusión podemos decir que la publicidad en la prensa reinosana en el siglo XIX, se comporta de una manera ejemplar. Poco a poco los comerciantes se van dando cuenta de los efectos que los anuncios producen en los posibles consumidores y como consecuencia la publicidad va adquiriendo un peso importante en los periódicos. Desde El Ebro hasta Campoo, los anuncios, así como los propios anunciantes, van aumentando, pues Reinosa estaba viviendo una época de esplendor económico que se refleja perfectamente en los servicios que ofrecía por aquel entonces y que se aglutinaban en la calle Mayor y la calle del Puente. Este auge es debido a dos aspectos fundamentales, el desarrollo de la industria, con la implantación de pequeñas fábricas (harina, chocolates y cristal) y a la situación del pueblo, que le convierte en un lugar de veraneo de la burguesía pudiente. El florecimiento económico continuará con la instalación de La Naval (1918), hasta 1930, etapa en la que Reinosa triplica el número de habitantes de 2.780 en 1900 a 8.606 en 1930. Durante este periodo aparecerán 15 periódicos en Reinosa, lo que nos demuestra el sustancial cambio experimentado no solo en la población sino también en las demandas de ésta. BIBLIOGRAFÍA -EL EBRO, 1884-1890 -CAMPOO, 1894-1898 RIEGO, BERNARDO: “Publicidad primitiva en la prensa santanderina” en Cámara Cantabria, año IV, nº 33, marzo de 1995. RIEGO, BERNARDO: “ Nuevas formas de persuasión publicitaria”, en Cámara Cantabria, año IV, nº 36, junio de 1995. RIEGO, BERNARDO: “Publicidad en la prensa santanderina del siglo XX”, en Cámara Cantabria, año V, nº 43, febrero de 1996. |
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1999, Jose L Lopez