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La Feria de San Mateo Publicado en la revista FONTIBRE, nº 12-13, Agosto-Septiembre de 1957. Si, como Julio G. De la Puente, hubiéramos tenido la dicha de husmear siquiera un poco en el rico archivo de la Villa (nacimos tarde, y sólo nos alcanzó la pena de ver la densa humareda del fuego criminal que le redujo a cenizas), podríamos, ahora, decir algo sobre la antigüedad de la feria de San Mateo, igual que de otras muchas cosas, con datos compulsados y concretos, y por ende, con mayor seguridad y conocimiento de causa.
Se olvidó Julio G. De la Puente, y es una lástima, de darnos la fecha de su fundación, o a lo menos, la medida aproximada de su antigüedad, pues debió tener a la mano documentos valiosos del archivo desaparecido que le facilitaban medios de hablar o escribir con más precisión, como lo hizo al referirse a los mercados de los lunes, de los que dice: "La costumbre de celebrarlos en Reinosa es muy antigua, pues ya en 1457, al respaldo de la carta del Rey Juan II, dada por haberla solicitado su caballerizo mayor Gómez Hoyos, para seguridad de las Casas-Torres que tenía en esta Merindad, se dice: "Fue publicada esta carta en este mercado de Reinosa, estando asaz gente en el dicho mercado público". Y, si en el siglo XV se celebraba el mercado público con cierta regularidad, ¿por qué no las ferias? Lo de celebrarse el mercado todos los lunes dice que es seguro, por lo menos, desde 1705. Y añade: "eran muy importantes, porque surtían de granos y otros géneros de necesidad en el país, no sólo a toda la jurisdicción sino también al valle de Cabuérniga, al de Cabezón, Puente de San Miguel, Toranzo e Iguña". Ya se comprende que, si el mercado es muy antiguo y necesario en la región por las razones que aduce, no sería la feria menos antigua y necesaria, teniendo en cuenta el predominio que siempre tuvo la ganadería sobre la agricultura en el valle de Campoo y en todos los que le circundan.
Y las cosas no pasaron a mayores. Los impuestos se implantaron y se cobraron, como se han cobrado siempre de entonces acá; pero quedó un fermento de disgusto en el ánimo de los campurrianos, que dio como resultado el que las ferias de Reinosa, la de Santiago y la de San Mateo, no se celebraran el año 1910. Como protesta por la subida de los impuestos municipales por entrada de los ganados en los feriales, se hizo propaganda, movida por no sé quien, en todos los ayuntamientos de la Merindad, se publicaron anuncios, y las ferias, con el adelanto de unas fechas y previo un sorteo entre Nestares, Requejo y Matamorosa, se celebraron en las eras del primero con resultados francamente desastrosos, porque a Nestares no acudieron los que habían de comprar y a Reinosa, en su día, no acudieron los ganaderos de la comarca. Claro que, como todo lo que se funda en una quijotada, y más si esa quijotada va en contra de los propios intereses y ha de ser mantenida por muchos y por tiempo indefinido, aquel conato de rebeldía duró muy poco, y al año siguiente, las ferias se celebraron en Reinosa como se venían celebrando desde tiempo inmemorial. Es indudable que esta feria habrá sufrido a lo largo de los tiempos los altibajos propios de toda institución humana, según que los años hayan sido de penuria o de prosperidad para el valle. Pero, también lo es que, con la sola excepción que sepamos del año de 1910, se viene celebrando ininterrumpidamente desde hace más de cinco siglos. |
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1999, Jose L Lopez