GACELA DEL AMOR DESESPERADO

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.


Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.


El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.


Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.


Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tu mueras por mí.


SONETO DE LA GUIRNALDA DE ROSAS


¡Esta guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!
¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!
que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.


Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta,
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.


Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados.
Bebe un muslo de miel sangre vertida.


Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.



CASIDA DE LA MUJER TENDIDA


Verte desnuda es recordar la tierra.
La tierra lisa, limpia de caballos.
La tierra sin un junco, forma pura
cerrada al porvenir: confin de plata.


Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.

La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espada fulgurante,
pero tú no sabrás dónde se ocultan
el corazón de sapo o la violeta.

Tu vientre es una lucha de raíces,
tus labios son un alba sin contorno,
bajo las rosas tibias de la cama
los muertos gimen esperando turno.


GACELA DEL RECUERDO DE AMOR


No te lleves tu recuerdo.
Déjalo solo en mi pecho.


Temblor de blanco cerezo
en el martirio de enero.


Me separa de los muertos
un muro de malos sueños.


Doy pena de lirio fresco
para un corazón de yeso.


Toda la noche en el huerto
mis ojos como dos perros.


Toda la noche comiendo
los membrillos de veneno.


Algunas veces el viento
es un tulipán de miedo.


Es un tulipán enfermo
la madrugada de invierno.


Un muro de malos sueños
me separa de los muertos.


La hierba cubre en silencio
el valle gris de tu cuerpo.


Por el arco del encuentro
la cicuta está creciendo.


Pero deja tu recuerdo.
¡Déjalo solo en mi pecho!.